De la Navidad en «Órbita de cosas olvidadas» (1978-2024)
LA MAÑANA DEL TIEMPO (2003)
COMO ES ÉPOCA DE NAVIDAD, he reunido
todos los juguetes que han llegado a la casa
con esa alegría nerviosa de la pólvora
que se apaga,
y les he preguntado seriamente, como si no se tratara
de juguetes:
“¿servirán ustedes para algo
más que estar descompuestos y tristemente
postrados, enfermos o tan simples
como algunas personas que conozco, que ni musitan
ninguna palabra nueva?”
Pero como no quiero tratarlos con arrogancia,
como se trata a todo lo elemental y a los
elementales de la vida, les pregunto
de verdad:
“¿me ayudarán ustedes a tener a mis hijos
ocupados en algo durante
estos innumerables días del año, hipnotizados y
obsesionados con ustedes como si se tratara
de un amor?,
¿les servirán ustedes de refugio como la puerta
cuando alguien se esconde detrás de ella?,
¿les servirán, por favor, ustedes a mis hijos
Para que el Tiempo
no juegue con ellos…?”
LOS DÍAS DEL OLVIDADIZO (1998)
NAVIDAD
En el monte hay caminos que solo sirven para extraviar,
ramos de flores diminutas, cuevas de bambú
y una vieja biblioteca de bosques.
El diciembre anda por la montaña
quebrando espartillos y ramas enfermas
para que vuelen los olores del campo,
que son los perfumes de los pobres.
De pronto el cielo de la noche está oscuro
como el fondo de un baúl, en donde hay alfileres brillantes y
lámparas de plata.
Del año venidero llega la Vía Láctea,
cuello blanco y femenino que vigila sobre el monte.
Sobre las hojas y las semillas de los senderos
cruza la caravana de los niños sin nacer,
como estrellas fugaces.
EL PROFESOR
“¡Qué otra cosa puede ser alguien de buenas intenciones,
Sino un pesimista”,
decía el profesor mientras recibía con cariño
-¿ficticio o verdadero?-
a las gentes de los barrios populares;
especialmente a los ladrones adolescentes,
él, que nunca se había robado libros,
ni frutas casuales de los fruteros,
como hacen tantos profesores livianos.
Sólo robaba ideas y frases que anotaba en sus cuadernos interminables.
Pobre profesor de las mejores intenciones
que nada sentía, a no ser el riesgo y el peligro de equivocarse,
como los arbustos que miran hacia el interior de las casas
no por curiosidad ni por amor
sino por el simple viento del azar.
Cuando mataron a sus amigos los ladrones, el profesor,
que también los entendía y con tanta inteligencia
interpretaba sus acciones,
como si esos cuerpos y brazos que huían por los callejones
fueran las líneas de un libro profundo,
recibió a sus madres, que no comprendían la agudeza de su dolor,
y las escuchó durante días y hasta grabó
sus voces lastimadas, enojadas y nostálgicas,
y abrazó con un amor propio
de hermano a las hermanas de sus amigos,
y se enamoró un poco de ellas, a escondidas,
porque el profesor tenía también su esposa y su familia.
Pero como todo profesor que vive sujeto al número del año,
este olvidó los aniversarios
y las fechas de las muertes, y se le fue olvidando llamar y recordar,
y al fin tuvo una enorme molestia de pasar al telefóno.
Qué corta memoria la del profesor de los libros interminables,
qué corto corazón,
qué falsas notas las que tomó su lápiz en la hoja.
Que muera Cristo otra vez
y que nazca para alguien en este Año Nuevo,
para que un nuevo Profesor de Diciembre, el verdadero,
aparezca otra vez, Señor.
AHORA LLEGA EL DICIEMBRE: ¿es más joven o más
viejo este diciembre que el del año anterior?
El diciembre llega días antes como una sombra de agua
Sobre la montaña de bosques oscuros:
¿es esta montaña inclinada más joven o más vieja que
hace veinte años,
cuando vivía con mis hermanos?
Mis siete hermanos que se dispersaron como las hojas del matarratón,
pero la rama es tan joven como el árbol,
y el árbol es tan reciente sobre la tierra
que aún cree que viaja bajo las nubes que lo miran pasar.
Equivocaciones de árbol joven.
Terrón de tierra negra
que las pisadas vuelven polvo y la lluvia disuelve…
Juventud de los que caen rodando, de los que se levantan,
de los que duermen asperezados toda esta larga mañana.
Cosas eternas, qué jóvenes son.
Mi padre está por nacer, me lo dice la luz del mediodía
en su pueblo, donde murió hace cinco años:
el aire de este pueblo de montaña está grávido
de mi padre, y mis pensamientos
están por nacer:
bienvenidas las cejas
y bienvenido el brillo de los ojos.
Qué jóvenes permanecen ustedes,
cosas guardadas en la noche del armario.
EL REY DE LOS ESPANTOS (1993)
A MIS AMIGOS ADOLESCENTES
Ustedes me hablaban del diciembre como sólo
los adolescentes saben hacerlo.
Ustedes que saben el valor de los meses,
que saben de las alegrías y el sufrimiento
de los meses.
Ustedes que saben de cosas perdidas, de familias rotas
y adultos extraviados por la desgracia.
Ustedes, mi más pura rama
de mi árbol de navidad,
que saben como nadie de regalos y vitrinas,
del minuto y del instante,
de la apariencia de estar bellos,
de la apariencia de estar vivos como una ilusión.
Ustedes que tuvieron por madre una campesina
pobre y coqueta,
que no quiso estar sola en sus brazos,
ustedes que fueron su verdadero amor, sus novios
verdaderos,
desprendidos y generosos como ya ningún amante
puede serlo.
Ustedes que estuvieron afuera, en el mundo
de los aparecidos,
sí saben el sentido de los rostros, las muecas
de los rostros y las máscaras invertidas
que dicen sí cuando es no.
Ustedes que si saben del día de los inocentes,
y del día de los engañados,
y de la noche negra de los adolescentes que se persiguen
a sí mismos como asesinos.
POEMA DE NAVIDAD
Este es el tiempo en que comienza el amor de las brisas
por las colinas y por las pendientes,
y sus requiebros por la familia de las hierbas
de monte, por los chamizos y por las cercas
de matarratón.
Este es el tiempo en que se enamoran los contrarios,
el cielo y la tierra con su paisaje de caminos
y cumbres redondeadas.
La carretera levanta su ruidito de insecto
a lo lejos,
y si alguien tuviese por hermana
una bruja verdadera,
vería los pesebres de los pueblos
entre los bosques, las tapias herrumbrosas, los techos
de tierra,
y verían también los hoyos abiertos de donde sacan los hombres
su tierra amarilla.
A ciertas horas la rama del pino,
el musgo, la poma y el helecho se reúnen
en el aroma que vuela hasta la casa.
El viento atrae los globos de los patios
y los remonta por encima de las montañas, tan rápido,
tan arriba en los vértigos
de las corrientes,
que los árboles leñosos corren de un lado a otro
con el azote de sus ramas.
Las semillas en pelusa, o las semillas más pesadas,
en forma de bellota, de frutilla, alargadas como bastones
o asombradas,
hacen viajes y atraviesan el camino rojo
de la barranca,
rodando, saltando hasta lo hondo de la cañada,
donde se mueren de amor las hojas desleídas y las flores podridas.
El animal que ha rondado la casa durante el año,
ahora chilla antes de morir,
enloquecido pro su sangre que los hombres
mezclarán con arroz.
Otro niño tan pobre como los que hay por aquí
nacerá esta noche,
y su llanto no inspirará otro llanto,
porque él tiene de regalo las floraciones de los árboles
y el beneficio de las semillas,
y el parque perfumado que es el cielo en la noche
cuando hay humo de estrellas.
El agua y la penumbra de los días hacen una tumba
de tierra negra en cualquier parte.
El hueco, la pared de tierra y la casa
de los adolescentes, en el remolino, en el suspiro
de los vientos.
El hombre que está sembrado como una mata al pie
del animal,
y el aire que vuela de cuchilla a cuchilla:
la bruja y el duende,
esos son los regalos para el niño,
más el regalo de la pólvora,
porque él es el Traído más dulce de Dios
y de la savia.
Órbita de las cosas olvidadas. Poesía reunida 1978-2024. Bogotá. Editorial Planeta Colombiana. 2024. Págs. 10, 66, 79-80, 89, 119, 127-128.
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