miércoles, 17 de diciembre de 2025

Víctor Gaviria (Colombia, 1955)

 

 

De la Navidad en «Órbita de cosas olvidadas» (1978-2024) 

LA MAÑANA DEL TIEMPO (2003)

 

COMO ES ÉPOCA DE NAVIDAD, he reunido

todos los juguetes que han llegado a la casa

con esa alegría nerviosa de la pólvora

que se apaga,

y les he preguntado seriamente, como si no se tratara

de juguetes:

“¿servirán ustedes para algo

más que estar descompuestos y tristemente

postrados, enfermos o tan simples

como algunas personas que conozco, que ni musitan

ninguna palabra nueva?”

Pero como no quiero tratarlos con arrogancia,

como se trata a todo lo elemental y a los

elementales de la vida, les pregunto

de verdad:

“¿me ayudarán ustedes a tener a mis hijos

ocupados en algo durante

estos innumerables días del año, hipnotizados y

obsesionados con ustedes como si se tratara

de un amor?,

¿les servirán ustedes de refugio como la puerta

cuando alguien se esconde detrás de ella?,

¿les servirán, por favor, ustedes a mis hijos

Para que el Tiempo

no juegue con ellos…?”

 

 

LOS DÍAS DEL OLVIDADIZO (1998)

NAVIDAD

 

En el monte hay caminos que solo sirven para extraviar,

ramos de flores diminutas, cuevas de bambú

y una vieja biblioteca de bosques.

El diciembre anda por la montaña

quebrando espartillos y ramas enfermas

para que vuelen los olores del campo,

que son los perfumes de los pobres.

De pronto el cielo de la noche está oscuro

como el fondo de un baúl, en donde hay alfileres brillantes y

lámparas de plata.

Del año venidero llega la Vía Láctea,

cuello blanco y femenino que vigila sobre el monte.

Sobre las hojas y las semillas de los senderos

cruza la caravana de los niños sin nacer,

como estrellas fugaces.

 

 

EL PROFESOR

 

“¡Qué otra cosa puede ser alguien de buenas intenciones,

Sino un pesimista”,

decía el profesor mientras recibía con cariño

-¿ficticio o verdadero?-

a las gentes de los barrios populares;

especialmente a los ladrones adolescentes,

él, que nunca se había robado libros,

ni frutas casuales de los fruteros,

como hacen tantos profesores livianos.

Sólo robaba ideas y frases que anotaba en sus cuadernos interminables.

Pobre profesor de las mejores intenciones

que nada sentía, a no ser el riesgo y el peligro de equivocarse,

como los arbustos que miran hacia el interior de las casas

no por curiosidad ni por amor

sino por el simple viento del azar.

Cuando mataron a sus amigos los ladrones, el profesor,

que también los entendía y con tanta inteligencia

interpretaba sus acciones,

como si esos cuerpos y brazos que huían por los callejones

fueran las líneas de un libro profundo,

recibió a sus madres, que no comprendían la agudeza de su dolor,

y las escuchó durante días y hasta grabó

sus voces lastimadas, enojadas y nostálgicas,

y abrazó con un amor propio

de hermano a las hermanas de sus amigos,

y se enamoró un poco de ellas, a escondidas,

porque el profesor tenía también su esposa y su familia.

Pero como todo profesor que vive sujeto al número del año,

este olvidó los aniversarios

y las fechas de las muertes, y se le fue olvidando llamar y recordar,

y al fin tuvo una enorme molestia de pasar al telefóno.

Qué corta memoria la del profesor de los libros interminables,

qué corto corazón,

qué falsas notas las que tomó su lápiz en la hoja.

Que muera Cristo otra vez

y que nazca para alguien en este Año Nuevo,

para que un nuevo Profesor de Diciembre, el verdadero,

aparezca otra vez, Señor.

 

 

AHORA LLEGA EL DICIEMBRE: ¿es más joven o más

viejo este diciembre que el del año anterior?

El diciembre llega días antes como una sombra de agua

Sobre la montaña de bosques oscuros:

¿es esta montaña inclinada más joven o más vieja que

hace veinte años,

cuando vivía con mis hermanos?

Mis siete hermanos que se dispersaron como las hojas del matarratón,

pero la rama es tan joven como el árbol,

y el árbol es tan reciente sobre la tierra

que aún cree que viaja bajo las nubes que lo miran pasar.

Equivocaciones de árbol joven.

Terrón de tierra negra

que las pisadas vuelven polvo y la lluvia disuelve…

Juventud de los que caen rodando, de los que se levantan,

de los que duermen asperezados toda esta larga mañana.

Cosas eternas, qué jóvenes son.

Mi padre está por nacer, me lo dice la luz del mediodía

en su pueblo, donde murió hace cinco años:

el aire de este pueblo de montaña está grávido

de mi padre, y mis pensamientos

están por nacer:

bienvenidas las cejas

y bienvenido el brillo de los ojos.

Qué jóvenes permanecen ustedes,

cosas guardadas en la noche del armario.

 

EL REY DE LOS ESPANTOS (1993)

A MIS AMIGOS ADOLESCENTES

 

Ustedes me hablaban del diciembre como sólo

los adolescentes saben hacerlo.

Ustedes que saben el valor de los meses,

que saben de las alegrías y el sufrimiento

de los meses.

Ustedes que saben de cosas perdidas, de familias rotas

y adultos extraviados por la desgracia.

Ustedes, mi más pura rama

de mi árbol de navidad,

que saben como nadie de regalos y vitrinas,

del minuto y del instante,

de la apariencia de estar bellos,

de la apariencia de estar vivos como una ilusión.

Ustedes que tuvieron por madre una campesina

pobre y coqueta,

que no quiso estar sola en sus brazos,

ustedes que fueron su verdadero amor, sus novios

verdaderos,

desprendidos y generosos como ya ningún amante

puede serlo.

Ustedes que estuvieron afuera, en el mundo

de los aparecidos,

sí saben el sentido de los rostros, las muecas

de los rostros y las máscaras invertidas

que dicen sí cuando es no.

Ustedes que si saben del día de los inocentes,

y del día de los engañados,

y de la noche negra de los adolescentes que se persiguen

a sí mismos como asesinos.

 

 

POEMA DE NAVIDAD

 

Este es el tiempo en que comienza el amor de las brisas

por las colinas y por las pendientes,

y sus requiebros por la familia de las hierbas

de monte, por los chamizos y por las cercas

de matarratón.

Este es el tiempo en que se enamoran los contrarios,

el cielo y la tierra con su paisaje de caminos

y cumbres redondeadas.

La carretera levanta su ruidito de insecto

a lo lejos,

y si alguien tuviese por hermana

una bruja verdadera,

vería los pesebres de los pueblos

entre los bosques, las tapias herrumbrosas, los techos

de tierra,

y verían también los hoyos abiertos de donde sacan los hombres

su tierra amarilla.

A ciertas horas la rama del pino,

el musgo, la poma y el helecho se reúnen

en el aroma que vuela hasta la casa.

El viento atrae los globos de los patios

y los remonta por encima de las montañas, tan rápido,

tan arriba en los vértigos

de las corrientes,

que los árboles leñosos corren de un lado a otro

con el azote de sus ramas.

Las semillas en pelusa, o las semillas más pesadas,

en forma de bellota, de frutilla, alargadas como bastones

o asombradas,

hacen viajes y atraviesan el camino rojo

de la barranca,

rodando, saltando hasta lo hondo de la cañada,

donde se mueren de amor las hojas desleídas y las flores podridas.

El animal que ha rondado la casa durante el año,

ahora chilla antes de morir,

enloquecido pro su sangre que los hombres

mezclarán con arroz.

Otro niño tan pobre como los que hay por aquí

nacerá esta noche,

y su llanto no inspirará otro llanto,

porque él tiene de regalo las floraciones de los árboles

y el beneficio de las semillas,

y el parque perfumado que es el cielo en la noche

cuando hay humo de estrellas.

El agua y la penumbra de los días hacen una tumba

de tierra negra en cualquier parte.

El hueco, la pared de tierra y la casa

de los adolescentes, en el remolino, en el suspiro

de los vientos.

El hombre que está sembrado como una mata al pie

del animal,

y el aire que vuela de cuchilla a cuchilla:

la bruja y el duende,

esos son los regalos para el niño,

más el regalo de la pólvora,

porque él es el Traído más dulce de Dios

y de la savia.

 

 

Órbita de las cosas olvidadas. Poesía reunida 1978-2024. Bogotá. Editorial Planeta Colombiana. 2024. Págs. 10, 66, 79-80, 89, 119, 127-128.

 

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