Historia
Hasta la propia Eva, única alma de la historia
que no tuvo jamás que esperar por amor,
debe haberse pasado alguna noche en vela,
sola, contra la tapia del jardín,
con frío, lamentándose, perpleja e indignada,
jurando renunciar al Paraíso
a cambio de ser una simple nena.
Por eso, para mí, cayó en desgracia:
para tener su propia historia que contar
en alguna otra parte.
Traducción de Ezequiel Zaidenwerg
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