Del agua
Más
abajo que yo, siempre más abajo que yo está el agua. Siempre la miro
con los ojos bajos. Como el suelo, como una parte del suelo, como una
modificación del suelo.
Es blanca y brillante, informe y
fresca, pasiva y obstinada en su único vicio: el peso; y dispone de
medios excepcionales para satisfacer ese vicio: contornea, atraviesa,
corroe, se infiltra.
En su propio interior funciona también el
vicio: se desfonda sin cesar, renuncia a cada instante a toda forma,
sólo tiende a humillarse, se acuesta boca abajo en el suelo, casi
cadáver, como los monjes de ciertas órdenes. Cada vez más abajo: tal
parece ser su divisa: lo contrario de excelsior.
*
Casi
se podría decir que el agua está loca, por esa histérica necesidad de
no obedecer más que a su peso, que la posee como una idea fija.
Es
verdad que todas las cosas del mundo conocen esa necesidad, que siempre
y en todas partes debe satisfacerse. Este armario, por ejemplo, se
muestra muy testarudo en su deseo de adherirse al suelo, y si algún día
llega a encontrarse en equilibrio inestable preferirá deshacerse antes
que oponérsele. Pero, en fin, hasta cierto punto juega con el peso, lo
desafía: no se está desfondando en todas sus partes; la cornisa, las
molduras no se prestan a ello. Hay en el armario una resistencia en
beneficio de su personalidad y de su forma.
Líquido es, por
definición, lo que prefiere obedecer al Peso para mantener su forma, lo
que rechaza toda forma para obedecer a su peso. Y lo que pierde todo su
aplomo por obra de esa idea fija, de ese escrúpulo enfermizo. De ese
vicio, que lo convierte en una cosa rápida, precipitada o estancada,
amorfa o feroz, amorfa y feroz, feroz taladro, por ejemplo, astuto,
filtrador, contorneador, a tal punto que se puede hacer de él lo que se
quiera, y llevar el agua en caños para después hacerla brotar
verticalmente y gozar por último de su modo de deshacerse en lluvia: una
verdadera esclava.
... Sin embargo el sol y la luna le
envidian esta influencia exclusiva, y tratan de mortificarla cuando, por
ocupar grandes extensiones, les presenta un fácil blanco, o cuando se
encuentra en estado de menor resistencia, dispersa en delgados
aguazales. El sol le arranca entonces mayor tributo. La obliga a un
perpetuo ciclismo, la trata como a una ardilla en su rueda.
*
El
agua se me escapa... se me escurre entre los dedos. ¡Y no sólo eso! Ni
siquiera resulta tan limpia (como un lagarto o una rana): me deja
huellas en las manos, manchas que tardan relativamente mucho en
desaparecer o que tengo que secar. Se me escapa, y sin embargo me marca;
y poca cosa puedo hacer en contra.
Ideológicamente es lo
mismo: se me escapa, escapa de toda definición, pero deja en mi
espíritu, y en este papel, huellas, huellas informes.
*
Inquietud
del agua: sensible al menor cambio de declive. Que salta las escaleras
con los dos pies al mismo tiempo. Que, pueril de obediencia, abandona en
seguida sus juegos cuando la llaman cambiándole la dirección de la
pendiente.
En Revista Sur, Año, XVI, n°
147-148-149, Buenos Aires, enero, febrero, marzo de 1947 Vía Marcelo Leites/Facebook
Traducción: J.L.Borges
La Nación - Télam - Buenos Aires Poetry - Hablar de Poesía - Seven Crossway - Las Esquinas del Agua - Poetas del Mundo - Las Egerias
Imagen: Francis Ponge en el documental Vers Francis Ponge, de Guy Casaril, realizado en 1965 y emitido por la televisión francesa el 29 de marzo de 1966 Eclair Brut/You Tube
De L'Eau
Plus
bas que moi, toujours plus bas que moi se trouve l’eau. C’est toujours
les yeux baissés que je la regarde. Comme le sol, comme une partie du
sol, comme une modification du sol.
Elle est blanche et
brillante, informe et fraîche, passive et obstinée dans son seul vice :
la pesanteur; disposant de moyens exceptionnels pour satisfaire ce vice
: contournant, transperçant, érodant, filtrant.
À
l’intérieur d’elle-même ce vice aussi joue : elle s’effondre sans cesse,
renonce à chaque instant à toute forme, ne tend qu’à s'humilier, se
couche à plat ventre sur le sol, quasi cadavre, comme les moines de
certains ordres. Toujours plus bas : telle semble être sa devise : le
contraire d’excelsior.
*
On
pourrait presque dire que l'eau est folle, à cause de cet hystérique
besoin de n'obéir qu'à sa pesanteur, qui la possède comme une idée fixe.
Certes,
tout au monde connaît ce besoin, qui toujours et en tous lieux doit
être satisfait. Cette armoire, par exemple, se montre fort têtue dans
son désir d’adhérer au sol, et si elle se trouve un jour en équilibre
instable, elle préférera s’abîmer plutôt que d’y contrevenir. Mais
enfin, dans une certaine mesure, elle joue avec la pesanteur, elle la
défie : elle ne s’effondre pas dans toutes ses parties, sa corniche, ses
moulures ne s’y conforment pas. Il existe en elle une résistance au
profit de sa personnalité et de sa forme.
Liquide est
par définition ce qui préfère obéir à la pesanteur, plutôt que maintenir
sa forme, ce qui refuse toute forme pour obéir à sa pesanteur. Et qui
perd toute tenue à cause de cette idée fixe, de ce scrupule maladif. De
ce vice, qui le rend rapide, précipité ou stagnant; amorphe ou féroce,
amorphe et féroce, féroce térébrant, par exemple; rusé, filtrant,
contournant; si bien que l’on peut faire de lui ce que l’on veut, et
conduire l’eau dans des tuyaux pour la faire ensuite jaillir
verticalement afin de jouir enfin de sa façon de s’abîmer en pluie : une
véritable esclave.
... Cependant le soleil et la lune
sont jaloux de cette influence exclusive, et ils essayent de s’exercer
sur elle lorsqu’elle se trouve offrir la prise de grandes étendues,
surtout si elle y est en état de moindre résistance, dispersée en
flaques minces. Le soleil alors prélève un plus grand tribut. Il la
force à un cyclisme perpétuel, il la traite comme un écureuil dans sa
roue.
*
L’eau
m’échappe... me file entre les doigts. Et encore ! Ce n’est même pas si
net (qu’un lézard ou une grenouille) : il m’en reste aux mains des
traces, des taches, relativement longues à sécher ou qu’il faut essuyer.
Elle m’échappe et cependant me manque, sans que j’y puisse grand chose.
Idéologiquement
c’est la même chose : elle m’échappe, échappe à toute définition, mais
laisse dans mon esprit et sur ce papier des traces, des taches informes.
*
Inquiétude
de l’eau : sensible au moindre changement de la déclivité. Sautant les
escaliers les deux pieds à la fois. Joueuse, puérile d’obéissance,
revenant tout de suite lorsqu’on la rappelle en changeant la pente de ce
côté-ci.
(Fuente: Otra Iglesia Es Imposible)

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