sábado, 10 de septiembre de 2022

Carlos Oliva (Lima, Perú, 1960 - 1994)

 

Poema sin límites de velocidad


He visto una ciudad
una avenida
una calle inundada de cantos
De poemas sonando como bocinas de carros
Y autopistas sin guardias de tránsito
Poemas a 200 Km. P/H
Libres
raudos
veloces por llegar
a los oídos del mundo
donde la ansiedad
la droga
y los atropellos
inventan colores siniestros
Y en medio de todo
Yo con mi bocina
Yo con mi voz levantada
Entre tantos accidentes
Risueño
Ilusionado
Y sin más palabras
Que estos versos sin frenos por las avenidas.

 

 

S/T

 

Tu tesoro, Carlos Oliva, es el amor que perdiste
En tus manos de navegante ebrio,

De náufrago sobre un tronco a la deriva,

De marino agotado de tanto nadar contra la corriente,

Para llegar tenuemente
hacia la resaca.
Mi poesía en sí no tiene nada que ver con la poesía:

Es un claro de condenado.

Es una protesta, pero esta protesta es principalmente

Contra mí mismo.

El canto por el canto en sí no existe (ni siquiera en los pájaros).

El objeto de mi canto
- lo que sea - es liberarme de mí mismo,
Negarme a mí mismo, es decir, salvarme de mí mismo.

De mi propia autodestrucción que está a punto de desintegrar mi vida.

Es una protesta contra mi condición humana, narcisista, sórdida y decadente.

 

 

LIMA I

 

El arte de caminar por las calles
consiste en ver tus defectos

como versos aún no descubiertos en la noche

Yo voy más lejos que aquel poema extraviado

voy dibujando
imágenes sin límites de velocidad
palabras como una rosa que enloquece al vacío

con esta percepción de ángel alucinado y febril

Lima

¿De qué valen tus letreros luminosos?

Si sólo consiguen efectos psicóticos

tus semáforos

si sólo sirven para perturbarme

Pe
ro también tienes tu encanto
tus ascensores

sin embargo no subimos ni bajamos

pasamos solamente

tus teléfonos malogrados

¿Dónde ciudad tragamonedas

iremos nosotros los desheredados de tu belleza?

Tal vez a vomitar en el baño

de alguna vieja cantina

Y luego
viajaremos en microbús
percibiendo los hedores de tu herida

Pero aún no nos espantamos

Y sigo por estas calles donde aprendí

abrir mi corazón a la melancolía

Abrir mi corazón como se abre la bragueta

y derramar mi amor como orines sobre las esquinas.

 

***

Carlos Oliva: Lima, 1960-1994. Estudió Matemática Pura en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos y,
hasta antes de su muerte, estudiaba Literatura en la UNMSM. Fue editor de la revista de poesía
«Ínsulas Urbanas» (1991). Ganador del Concurso Nacional «Casa del Poeta Peruano» (1992). En
1995 fue editado póstumamente su libro de poesía Lima o el largo camino de la desesperación. Su
poesía publicada póstumamente nos muestra una voz que se siente heredera de los grandes poetas
malditos (Baudelaire, Rimbaud, Ginsberg), y al mismo tiempo sabe reírse de misma. Oliva fue
uno de los fundadores del grupo poético Neón.


 

 

 

 

(Fuente: Hecatepoesía.files.wordpress)  Vía Víctor Coral

 

No hay comentarios:

Publicar un comentario