ZAPATOS
f r a g m e n t o s
En
un auto, si estoy sentada junto al conductor, y frena de golpe,
inmediatamente levanto mis pies, apoyo mis zapatos sobre la guantera.
Si, por doblar una pierna, pongo uno de mis pies en la silla donde estoy sentada, puedo apoyar el mentón sobre la rodilla.
Un zapato parece mucho más grande, cuando me acuesto boca abajo delante de él.
Acostada, si levanto mi pie, consigo tapar el sol
Cuando un papel se pega a la suela de mi zapato, y sigue pegado mientras camino, intento despegarlo con el otro zapato.
Atar los cordones es algo que puedo hacer con los ojos cerrados (o en un cuarto a oscuras)
Puedo atar mis cordones mientras pienso en otra cosa
Cuando
no puedo sacarme de encima la música con la que me despierto (sigo
cantando mentalmente haga lo que haga) me resulta difícil atarme los
cordones sin seguir la canción, o, sin, al mismo tiempo, seguir la
canción maldiciendo por no poder olvidarla
Por
suerte, con frecuencia, atarme los cordones me permite pensar en otras
cosas. Tengo, simultáneamente, un gesto y un pensamiento bastante
autónomos uno del otro
Me
veo, aprendiendo a aceptar la actividad intelectual del atarse los
cordones. Cada vez que me ato los cordones, se me ocurre una ráfaga de
proposiciones, que, siempre, anoto. Después de anotar me desato los
cordones y de inmediato los vuelvo a atar, para generar nuevas ideas.
de Chaussure, Editions P.O.L., 1997
versión Patricio Grinberg
(Fuente: Emma Gunst)
No hay comentarios:
Publicar un comentario