martes, 9 de febrero de 2021

Mario Arteca (La Plata, Buenos Aires, Argentina, 1960)

 

 

CENA EN UN ALBERGUE DE NOCHE
 

      “Para los otros pensamientos tendremos
        espías hasta en el cerebro”
 
        Gonzalo Arango (fragmento de una
        carta a Sergio Mondrágón, co-director
        de "El Corno Emplumado". Bogotá,
        diciembre de 1963)
 
 
 
El hombre que tengo justo enfrente se afeita
la cabeza con un cuchillo de cocina, mientras
yo limpio mis dientes con una navaja de afeitar.
Ambos buscamos lo mismo: conocer cómo
se ven de cerca los signos de una tierra arrasada.
Hablamos de más, y el eco resultó inaudible;
de todos modos, eso completa el entreacto.
El tipo del cuchillo se queja porque anoche
grité como un enajenado, en sueños, lo mismo
que una criatura despojada, porque sí, de su madre.
Después, se sumó otro al reclamo. Les explicaba
que lo visto allí ya lo había sentido en otra vida,
cuando no pertenecía a esta, lejos del olor a papa
enmohecida y del brillo de las legumbres recién
caladas. ¿Y qué cosa diferente podía hacer sino
entrar a los gritos en el descanso de los otros;
si mi hija ya anciana se encontraba tendida
sobre una chata, sin caballos ni agua, viendo
cómo entre sus dedos se deshacía un souvenir
de cumpleaños, fechado mucho tiempo atrás,
y sin nadie que mediara para sacarla del letargo?
Dos partes o una mitad, lo mismo da, si la idea
sigue siendo la misma: alistarse para un mundo
que dábamos por vencido. “Y así su corazón,
de pronto, salió de zona de competencia”,
dijo, para alegría de los imbéciles sociales
que reciben toda clase de insultos por haberse
equivocado. Sin embargo, a menudo saben
de qué manera transitar el camino más largo,
creyendo que la noche aún no ha comenzado
y preguntándose en qué forma se aparecerá
esta vez la calma. Hasta que uno de ellos abra
las aletas de su nariz, y decida deshacerse
de nosotros como de una mercancía robada.

No hay comentarios:

Publicar un comentario