martes, 9 de febrero de 2021

Juan Carlos Mestre (España, 1957)

 

 

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LA TUMBA DEL APÓSTOL

 

 
Esta no es la sabiduría que desciende de arriba
sino la tierra de los bautizados en su propia sangre,
los arrancados del tiempo de los vivos según el Libro de los Hechos:
Santiago el de Zebedeo, hermano del Evangelista,
asesinado hacia el 44 por Herodes Agripa,
Pilar Martínez, soltera, 31 años, costurera, vecina de Luou.
Eduardo Puente, panadero,
encontrado muerto en el lugar llamado La Amanecida.
Jesús Regueiro Bueno, Presidente
del Sindicato de Constructores de Calzado.
En aquellos días, como ovejas llevadas al matadero,
como corderos mudos delante de los trasquiladores,
Juan Jesús González Fernández, 40 años, poeta,
natural de Cuntis, fundador de la Unión Socialista Gallega,
Julio Silva, barbero, y Maximino Martínez, trabajador ferroviario,
un muchacho de Tordola llamado Juan Varela, de 16,
muertos de peritonitis por perforación,
hemorragia interna producida por arma de fuego,
destrucción orgánica del cerebro.
Ciertamente no era esa la sabiduría que desciende de arriba
sobre los testigos de la Transfiguración,
David Mariño, Elías, jornalero, Paulino, mecanógrafo,
Ángel Dapena Rozado, viudo, 66 años,
José Pérez, hojalatero, Emilia Sende Monteiro, sirvienta, a los 48.
Ramón el de La Fraternidad y Vicente el fotógrafo,
Jesús, Rodrigo, Manuel del Río, albañil, maestro, barbero,
Amador Prieto de 32 y María Castro, de 27, ambos solteros,
fusilados por decisión del Tribunal Militar de Santiago de Compostela
en julio del 36. En aquel tiempo dijo Santiago, pescador de Galilea,
primogénito de Salomé, llamado por Cristo
hijo del trueno: "Podéis atar mis manos
pero no mi bendición y mi lengua".
 
 
 
 
 

POEMA DEL LEJANO

 

 
El que desterrado por la pobreza
vive sin corazón en lo lejano,
y a nada atiende como suyo
y es lóbrego y cansado bajo el cielo.
El que sale vencido de su casa
y lo arrastra la gente en su murmullo
y transcurre vacío por la calle
y se sienta delante de una máquina.
El doloroso de razón frente a la vida
que muere en la esperanza y no regresa.
A este que nadie ha despedido
y toma el tren un día hacia la aurora.
Nadie lo sabrá, su historia es triste
como un mar que nadie ha descubierto.
No ha querido mirar la primavera,
trabaja por volver, brotar un día
como el árbol florecido que en su huerto
daba sombra y destino a la mañana.
Pensaréis que el cielo habrá de perdonarlo,
pensaréis que el amor,
ciudad y pájaros y torres
sonará de nuevo campanas en sus ojos.
Pero él, que perdido en lo lejano
fue escombro de alameda, ha muerto.
No lo lloréis,
junto a aquel leño oscuro
brotaba un manantial honrado. 
 
 
 
 
___________________
en "Poética y poesía", Fundación Juan March, Madrid, 2018 / "Antífona del otoño en el valle del Bierzo", Rialp, Madrid, 1986
 
 
 
(Fuente: Jonio González)

 

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