El canto impopular
Yo, el rastreador, que ha dormido en los atrasos de
la luna en los atajos peninsulares, y ahora siento
el canto del desahogo, a través del orgulloso coraje,
oh mis pequeños seres del desamparo, canto
mi canto con un lenguaje impopular, pero cercano
a vuestros vestidos miserables.
El vestido las telas livianas de las mejillas despintadas
el olor de los motines talados de la miseria siempre
en las flor del fuego del pensamiento destruido
sin nacimiento en las coloridas y espléndidas
organizaciones en las albas lujosas de todos los días
de todos los montones de días ligeros y azucarados
por las cañas dulces solares irredentas
ininterrumpidas feroces vivientes de la irrectitud
siempre anárquica del espacio siempre moderno
y siempre solidario con los cantos de las invisibles
deidades y de los otros personajes reales asombrados
de las miserias de los sucios paisanos que encienden
el clavel del esperma nocturno sifilizado y demente
y excitado por los cerdos.
Oh, en mi escenario, de rodillas. Cocinas conteniendo
el aliento del dormido rencor en la palidez del alba.
Oh, gente sin viajes, que no puede fumar en el
fuego del universo su tabaco de miel arrollada por
el invierno, su comida de humo bañando el ligerísimo
mosquitero de rabia del color el color que no trajina
por las camas y que solo saluda a la sombra
sombrero del Ave María en el altar de los santos
ensordecidos por los fétidos besos.
Oh, mí, el rastreador, que ha dormido tirado entre
los yuyos, entre la ferocidad joyal de las palmeras
en el borde del agua, y de una cocina sucia llena
de lechos sucios y de tarros con jazmines
calentados del ex-alba.
Tembladerales de oro
In memoriam Alfredo Martínez Howard
El dolor ha abierto sus puertas al agua de oro del oro
que arde contra el oro el oro de los ocultos
tembladerales que largan el aire de oro hacia
los rojos destinos pulmonares con el acuerdo de
los fantasmas de oro coronados por los juncos de oro
bebiendo los caballos de oro los troperos de oro
envueltos en los ponchos de oro -a veces negro
a veces rojo celeste verde- y el caballero que repasa
las lagunas de los oros naturalmente populares
el que se embarca en las balsas de oro con todos
los excesos de pasajeros de oro que manejan los
caballos de oro con los rebenques de oro bebiendo
en la limetilla de oro del barro de oro de los sueños
de los frescos del oro entre la majestad de las
palmeras de oro y de los ajusticiados y degollados
en las isletas de oro bajo de yacarés de oro
del oro del amor.
Cementerio amarillo al borde del agua
Mientras cantas con la trompeta ronca de las inemociones
cargadas de las lágrimas del paisaje desenvuelto
por los trenes de los reyes guiados por los ríos,
aquí el velo de sangre duerme sobre los arenales
seguros de encantar a un cuerpo joven y caliente
junto al rumoreo nocturno de los caballos y las
fiestas cercanas a la orilla de la luna caída entre
las humillaciones más populares cercando el
camposanto de los hombres del hambre donde se
recomponen las más raídas y coléricas apariciones
-sin espacio- a ras de luna de ras y de agua
detenida en el milagro del terror -sin amor- todo
todo roído como antes de andrajos desafíos ojos
hambrientos amarillos de asesinatos no-modernos
no-contemporáneos a ras, a ras de agua podrida
en su pureza.
Sin embargo, yo estoy dormido como un indio que
no ha perdido el desierto.
¿Estoy moderno?
¿Estoy por irme adónde?
¿Oh, por abandonar la comarca e internarme
en el mar?
¿O sólo al borde del mar?
Una reza
Reza por la reza de las apariciones ronca por la ronca
de las enterraciones y vuelve los ojos al paisaje
metido dentro de la carne y del fuego del movimiento
humano más real el de pasitos de hombres en el
espacio humillado por sus elegantes desnutriciones,
oh país límpido, intercambiado con tartamudos y
despanzurrados y afeitados por el llano y
asesinadores engendrados en las negras copulaciones
entre ramos y entre santos de ojeras casi naturales
yo exclamo que duermo sobre la arena caída en la
desventaja de mis maduraciones que sollozan todo el
poder del fuego.
Yo, que tengo el alimento más moderno, estoy rastreando
el invierno y las pudriciones de estos llanos.
De
Tembladerales de oro (1973)
(Fuente: Blog del amasijo)
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