𝐌𝐮́𝐬𝐢𝐜𝐚
¿Qué decía Whitman de los pianos
de la mente? ¿Los mantendría vigilados?
Ahuecaba una sombra con otra sombra
de manera que lo sublime permaneciera
sublime, oculto. 𝑉𝑜𝑠 𝑚𝑒 𝑐𝑜𝑒𝑔𝑖𝑠𝑡𝑖𝑠. Es cierto:
ustedes me obligaron a sepultar mi entendimiento.
Con mi cuerpo hecho un saco de huesos,
¿quién puede amarme? Laudar, magnificar
la musa. No existe la música sin musa.
Pero es ella la mujer que siembra confusión
en el verso. Como en una ópera de Verdi
un aire latino duerme en brazos de la décima
musa griega, falsifica la escena. Hace rato
su sangre coagulada. ¿Quién golpeará las teclas
de su piano? Ah la matemática final de los cuerpos.
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