sábado, 30 de mayo de 2026

Tomás Harris (La Serena, Chile, 1956)

 

 

Edipo en polaroid

-La fotografía reproduce una soleada tarde en la playa.
Es hermoso ese reflejo de un verano
Tan lejos en la cercanía del espacio y el tiempo.
En la fotografía, tú y tu madre, tomados de la mano,
Corren estáticos por la costa,
Haciendo salpicar con sus pies
La espuma de la resaca
Que moría achocolatada después de tanto azul
Y el sol bruñía los cabellos de ambos,
Tiñendo de brillos dorados las raíces, y ustedes
Como dos hermanitos, la mayor y el menor,
Reían como si tuviesen todo el tiempo por delante.
¿Lo tenían? ¿Y tu isla, tu Ítaca mancillada?
¿Y cómo asesinaste a los pretendientes?
¿Con tus osos de peluche rellenos con serrín
A los cuales arrojabas témpera roja, para que asemejara sangre
Y hacer así más cruenta su muerte en tus deseos?
Como en las películas del conde Drácula
Que exhibían en el Teatro Nacional de La Serena.
Después, en tus sueños, hendías en el cuello de tu madre
Tus colmillos de leche, en esas pretéritas noches fantasmáticas.
¿La deseas aún ahora en esa imagen que se va
Desvaneciendo como el gas de las gaseosas
Frías que bebían después de las carreras por la arena?
¿Te gustaría volver al paisaje de esa fotografía,
Corriendo así de la mano, con esa muchacha tan joven y bella,
Ahora, a tus años, que no han perdonado tampoco el tiempo, y
Sentir su mano, oler la sal de sus brazos,
El yodo de su cuello y perderte en el azul de sus ojos?
No te avergüences, esos son legítimos sentimientos.
Por lo demás, acá, ya puras refracciones de tu mente.
¿Sientes un nudo en tu garganta? ¿Lloras?
Vamos, si lo que añoras no es más que una imagen
Fijada en una cartulina por líquidos alquímicos y hechiceros.
 



(Fuente: Ezequiel Zaidenwerg Dib)

 

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