DOS POEMAS
Detrás de la pared
Pendo como nieve de las ramas
hacia la primavera del valle;
cual frío manantial, derivo al viento,
húmeda caigo sobre las flores
como una gota
en torno a la cual ellas se pudren,
como en torno a un pantano.
Soy el pensar siempre en morir.
Vuelo, de no poder andar tranquila,
por seguros edificios de todos los cielos,
y derribo en derredor columnas y muros huecos.
Prevengo, de no poder dormir de noche,
a los otros con el remoto rumor del mar.
Trepo a la boca de las cascadas
y desde las cumbres desprendo estrepitosos cantos.
Hija soy del gran miedo universal,
que se cierne sobre la paz, sobre la dicha,
como campanadas en el avanzar del día,
como la guadaña en el campo maduro.
Soy el pensar siempre en morir.
[Versión: José Aníbal Campos]
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Invocación a la Osa Mayor
Osa Mayor, baja, hirsuta noche,
animal de piel de nubes con ojos viejos,
ojos de estrellas,
por la espesura irrumpen relucientes
tus patas con las garras,
garras de estrellas,
mantenemos despiertos los rebaños,
pero encantados por ti, desconfiamos
de tus flancos cansados y de tus dientes
agudos y semidescubiertos,
vieja osa.
Una piña: vuestro mundo.
Vosotros: sus escamas.
Yo la muevo, la hago rodar
desde los abetos del principio
hasta los abetos del final,
la resoplo, la pruebo en la boca
y la agarro con las zarpas.
Ya tengáis miedo o no lo tengáis,
pagad en la limosnera y dadle
al ciego una buena palabra,
para que sostenga a la osa de la correa.
Y sazonad bien los corderos.
Podría ser que esta osa
se soltara, no amenazara ya más
y corriera tras todas las piñas caídas
de los abetos grandes y alados
que cayeron del paraíso.
[Versión de Cecilia Dreymüller y Concha García]
(Fuente: Lab De Poesía)
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