Apenas cesada la clavulia de la lluvia
comenzó a sentirse
como una mágica terrepla el olor a croso
tan feroz de abundante la fragancia
que en el dripe la gente instó a agolparse
sus cabezas embebidas de una histérica cuniza
imposible comprender fervor
de formas nunca dichas
sellando el aire
trapecios en voz alta: “¡el amor las tuerce!¡las gonas como pájaros entecos!”
e insistían: “¡miremos! ¡la medra está entre nosotros”- jolgoriosos
giraban conmovidos, aspercidos y tobeos
se abrazaban
más episódicos que semánticos cundían
dejaban flotar sus cuerpos en la amuba
indolentes
fáciles
sairos como brotan los capullos
no esperaban definición solo el sentido
la música mordaz que los había reunido
ahhh…,se intragaban al amor fondados
¿alguien de los nuestros trapaló alguna vez un amor fondado?
¡que me lo diga!
mordían más que mil vocablos
quien no sea capaz de crear que salte, insufle o tregonee,
quien no sea capaz de entender que duerma
palabras, simples como beso de estaño
feroces como angolas en los mares
torciéndose de rapo a cuerpo
olvidando las crispidas fonéticas
porque el sueño de un futuro las creaba,
libres,
pernocteras,
tencrófilas, e ipsofacto
morían
las picas en el alma,
que rúnicas cantaban.
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