CUATRO POEMAS
Un amigo con el que compartiste casa
pide bala para los chorros
y dice que la pobreza
es un problema de vagos.
Tiene una foto de perfil
con su hijo
en la cancha de Boca.
Te acordás cuando volvían de bailar
y paraban a comprar panchos
a la madrugada
en Avenida Lafinur.
El tiempo no mejora a las personas,
las va volviendo
más rancias y crueles.
El resentimiento
se les mete en los ojos.
Lo bloqueás
con una mezcla de asco
y de cansancio moral.
La amistad es una planta
que se pudre rápido
en este suelo de cemento.
Te quedás mirando
la pantalla negra del celular
que refleja tu cara,
sabiendo que vos
también debés ser
el monstruo
en el perfil de otra persona.
***************
Vivimos juntos en este monoambiente
como dos convictos.
Nos repartimos tareas
con la frialdad de un tribunal militar.
Yo lavo los platos
que vos ensuciás con desprecio mecánico,
Vos pagás la internet
que uso
para buscar otra vida en la pantalla.
Ya no nos quedan insultos nuevos
en el cajón de la mesa de luz.
La crueldad ahora es este silencio.
Nos miramos de reojo
mientras el televisor
destella una luz azul.
Somos dos extraños que conocen
perfectamente
sus peores zonas,
esperando que el otro cometa
el primer error de la mañana
para clavarle la aguja del reproche
hasta llegar al hueso.
***************
La chica que te gustaba en los dos mil
se operó la nariz
y se borró las pecas de los pómulos.
Ahora tiene esa cara uniforme
de las modelos de las clínicas privadas.
Parece una persona diseñada
por una computadora de oficina técnica.
Buscás su perfil nuevo en Instagram
con el morbo de un forense.
Ya no queda nada de la chica
que tomaba cerveza
en los recitales.
Esa belleza fue sacrificada
en el altar del consumo de masas.
El quirófano le sacó los rasgos
que adorabas en las noches de invierno.
Apagás la pantalla sintiendo
que el pasado también fue reescrito
por un cirujano que cobra en dólares
y no tiene memoria afectiva.
***************
Mirás las manos de tu padre
en tus propias manos.
Tienen los mismos nudillos secos
y el mismo tic nervioso.
Heredaste su frustración
pero no su capacidad de trabajo.
Él levantó una casa
con cimientos de hormigón armado,
vos apenas podés sostener
el alquiler de este monoambiente.
Te dejó sus herramientas
que vendiste por nada en el trueque
y ese odio silencioso
que estalla los domingos a la tarde.
El árbol genealógico
es un hacha clavada en la espalda.
Te mirás al espejo
mientras te afeitás a las apuradas
y te cortás el mentón
por puro desprecio biológico.
(Fuente: Oscar Vicente Conde)
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