Dos poemas:
1. Una fotografía
El poeta del que les hablo
hace mucho que está muerto.
Se visita su rostro
en una fotografía y ahí se mantiene
en blanco y negro.
El poema del que les hablo
lo escribió en su juventud.
Para una mujer con la que convivió
también muchos años.
Todo es largo en él. Todo se estira:
Su rostro,
su nariz, el pico de sus cejas.
Hasta el abrigo con el que posa
en esa fotografía, en medio de un invierno
que intuimos terrible.
La mujer de la que les hablo, sin embargo,
era gruesa.
En sus últimos años era gruesa,
y lo acompaña en esa fotografía casi famosa.
Le dio dos hijos, dicen,
que fueron devorados por una guerra europea
y de los que nada sabemos.
Posa con él, en ese invierno remoto,
con una cartera digna
y zapatos bajos.
“Temo tocarte”, escribió “y que te desvanezcas”.
“¡Oh, blanca!” escribió, y ella tenía, creo, diecisiete años,
tal vez menos.
Era tan impúdica. Tan hermosa. Lo era tanto para él.
Desnuda.
Leí ese poema hace tanto tiempo también.
Me enamoré de ella.
De esa manera tan rara que todavía tiene
de durar.
Cabeza de artista. Ediciones en Danza. 2016
2. Cementerio de Montparnasse
llueve
sobre el zapato
sobre el yuyo
doblado por
las gotas
sobre
los huesos
de Vallejo
en mí
Inédito
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