Tal vez al Rey Edipo le sobrara un ojo, dijo Hölderlin y siguió trepando. Sobre las copas de los árboles hay un espacio en blanco como en el interior de una muñeca. La piedra permanece. Los nombres permanecen. Cayeron nombres sobre él, silbando.
Traducción de Ezequiel Zaidenwerg Dib
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