(Bukowskiana)
No me asusta el dolor y cruzo manso
bajo las escaleras espinosas
y si entristezco voy robando rosas
en el jardín lluvioso del descanso
y entre la agitación del cielo alcanzo
a bendecir los besos y las cosas
que lloraron cantando en las preciosas
calmas del alma donde hubo un remanso.
En el fondo del sur quedó el muchacho
que cuando vio a la Virgen de los locos
resplandeció sabiendo que eran pocos
los elegidos y corrió borracho
hacia la adoración de aquellos focos
de la poesía y no del mamarracho.
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