viernes, 5 de abril de 2024

Ignacio Uranga (Bahía Blanca, 1982)

 

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HE VISTO EL AMOR DE ESTA MANERA
 

.
por los que han puesto en algo o alguien su
corazón de este mundo, y todo lo que
de ello resulta; cierta, sinceramente por
lo aquí puesto, todo, lo entero a la fuerza
aquí entrado, amontonada contra el alma, contra
lo tibio, el alma en su tibieza, esta entrada lágrima
y sus partículas adyacentes, las partículas que entonces
adyacen, se acoplan en aparente acercamiento o bien
igual que meteoros, igual que estrellas imparables, igual
que el desintegrarse, la desintegración de meteoros y
de estrellas entrando a la vida, tentando entrar, acoplarse
tentando el acercamiento a lo humano: ionosfera, hidrosfera
y otra vez las partículas adyacentes, todo entero volaba en pe-
dazos, la plena voladura en pedazos, empedaza entero entonces
aquello finalmente a lo que le dimos vida, a lo que, finalmente
pudimos darle vida, en verdad aquello finalmente a lo que
no le dimos vida nunca: siquiera te has dado cuenta
de que te has vuelto triste, tan grande, enormemente triste
que igual que esos meteoros, que juntas las estrellas
todas por entero en pedazos imparables dentro de vos
sin forma alguna los pensamientos dentro de vos, es decir
sin forma posible, en verdad, yo, de pronunciarme
con alguna certeza, es decir, sin ninguna, ningún tipo de
certeza y ahora sin luz que dé ni dar tampoco adentro de mí
sin mí mismo incluso dentro de mí, adentro de mí: he visto
el amor de esta manera: la estrella blanca.01: diez, cien
mil veces cada vez: la limpia luz, aquella o esta limpia luz y ahora
recoger el sí mismo que queda: he extendido a vos mis manos
he llamado cada día a que inclines tu oído a mí, a mí tu oído:
ciertamente he pensado sin poder pensar y he pensado sin embargo:
los que tenían las piedras en las manos, lo que amaban cuanto podían
lo posible de la paz entre las piedras, sobre mí el reposo de
tu ira entera: lo veo claro, lo estoy viendo aquí, en forma clara
claramente: te regresaría el amor, te regresaría diez, cien, mil
veces cada vez el amor, sus partículas adyacentes, la des-
integración o acoplamiento de meteoros en pedazos o
estrellas imparables, y es que puedo ver detrás de los modos
de las maneras: el tiempo que te doy, el tiempo que me das:
repito: ciertamente buscaría yo a dios con esperanza:
ciertamente buscaría yo a dios y encomendaría a él mi causa
la espera de un auténtico milagro, el auténtico milagro:
auténtico milagro del suave decir: y otra vez te regresaría el amor
de nuevo, nuevamente diez, cien, mil veces cada vez, y otra vez
la estrella blanca .01, y las partículas y sus adyacencias, y
puedo verlo claro, claramente ahora pueden verse los que
amaban con pedazos de estrella o meteoros en las manos
con la tristeza levantada, sin un siquiera sí mismo adentro
integrados a la fuerza en este cuadro, el cuadro igual que
estrellas, meteoros en pedazos nada más ante el milagro:
lo he visto claro ahora, te regresaría el corazón mal puesto
las cosas del mundo, las adyacencias, sus partículas
todo lo dicho a la inversa, la esfera de confusiones
el acoplamiento, los pedazos de paz que volaron
igual que amar con pedazos de meteoros. de estrellas
destrozadas en las manos, la vida que nunca pusimos:
tenía apenas 554 palabras, es tiempo de recogerse a sí
de recoger entonces, de recoger apenas lo que dice el camino
 
 
(Fuente: Daniel Freidemberg)

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