Me imagino a los dioses
Me imagino a los dioses que dicen:
te vamos a compensar. Te vamos
a conceder tres deseos, me dicen. Déjenme
ver de nuevo las ardillas, les digo.
Permítanme comer ese lechón
relleno, hecho en un asador enorme
que sacaban, humeante, en invierno
en mi barrio, cuando yo casi nunca
tenía plata para comprar siquiera los cien gramos
que me comía feliz por las calles empedradas.
La Calle de la Luna
y la Calle de los Pajareros,
la Calle del Silencio y la Calle
de las Meadas. Podemos concederte
sabiduría, dicen con sus voces tonantes.
Déjenme volver a ver a Hugette, les digo,
la estudiante argelina que tenía unos ojazos,
que con mucha timidez me invitó a su habitación,
pero yo era demasiado joven y estaba demasiado apabullado
el primer año que pasé en París.
Déjenme por lo menos fracasar con mi vida.
Pensalo bien, me dicen con paciencia, te podríamos
volver a hacer famoso. Déjenme enamorarme
una última vez, yo les suplico.
Enséñenme mi propia mortalidad, asústenme
para hacerme vivir en el presente. Ayúdenme
a encontrar el peso de estos días. Que las noches
van a estar bien llenas y mi corazón salvaje.
Traducción de Ezequiel Zaidenwerg
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