LA TUMBA DEL INDIO
(Monte de Suba, 1963)
a grito de malón y galope tendido
ascendíamos por la cuesta,
remontábamos ufanos la huella que conducía
a la tumba del indio,
salar de suá,
abra dorada en la espesura.
éramos niños
y la vida estaba en su prístino apogeo.
nuestros caballos llegaban a la guaca,
sus pelajes resplandecían de sudor y espuma,
sus ollares vibraban,
y sus ojos animales eran mares inquietos y candorosos,
igual que los nuestros.
(éramos el hombre-tigre,
la vestal de bachué,
caupolicán,
la ñusta solar,
zagalas y zagales muiscas,
winnetou, el noble apache).
esa mañana
nos pintamos las caras con bayas silvestres,
y con espinas montunas nos tajeamos las muñecas,
nos tomamos de las manos,
sangres que confluyeron hermanadas:
esa mañana
bebí de ti,
tus venas abrevaron en las mías.
uvos y arrayanes se inclinaron sobre nosotros,
y las zarzas nos envolvieron como un velo
que enturbiaba el brillo del sol
y nos hacía temblar de asombro y emoción.
es que por aquellos días
la niñez corría mística, por poco sangrienta.
pero muy pronto se acabaron los cuentos
y nos alcanzó la angustiosa cadena
de travesías, luchas, lejuras y demás hartazgos:
la vida que le decían y que comenzaba a arreciar.
la tumba y los tesoros de los mohanes,
nuestras infancias enteras
se desbarrancaron por los socavones del monte profanado,
se los tragaron las excavadoras y los añares.
pero a veces se me hace que los rasguños no fueron en vano
y sospecho que monte adentro,
debajo del concreto,
subsisten mapas sobrescritos,
guiones traspapelados
de ilusorios desenlaces
e impensadas resurrecciones:
empujan palos que crecen,
pencas que vuelven y brotan.
No hay comentarios:
Publicar un comentario