Ya conocen la historia de la otra mujer
Es todo un poco Walden.
Ella espera discreta en el lecho de su aliento;
el cuerpo de él despega, vuela como una flecha.
Pero es una mala traducción.
La luz del día no es amiga de nadie.
Dios llega como el dueño de la casa
y los apunta con su linterna de latón.
Ahora ella se siente no tan bien.
El se vuelve a poner sus propios huesos,
y retrasa el reloj una hora.
Ella conoce la carne, ese globo de piel,
la libertad de pies y manos, los tablones,
el techo, el techo corredizo.
Ella es la elección de él, de medio tiempo.
Ya conocen la historia ustedes también. Miren,
cuando termina la vuelve a colgar,
como el teléfono.
Traducción de Ezequiel Zaidenwerg
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