PARICUTÍN
Con su carne, el volcán
fabrica a la montaña
y se la mete
por la boca, sin pedir
nada que no podría
darse a sí mismo.
La lava, transfiguración
de un instante, es
lo indeleble
en flor, algo
que siempre fue
y acá creció
Traducción de Ezequiel Zaidenwerg
(Fuente: Orden de traslado)
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