JOSEPH WOODS // 4 poemas
Revelación
Revelación
Cuando mi padre
apareció en la cocina
después de vacilar por los sembrados
volviendo de la cantera inundada
que teníamos prohibida, por supuesto,
y que no tenía fondo,
anunció que nunca más
haría otra vez algo así:
agarrar a los gatitos
y su madre
y meterlos a todos
en una bolsa cosida.
Tanto más extraño,
incluso alarmante,
cuando en una semana
la madre volvió
para sentarse en el alféizar
y observar por varios años
las incómodas idas y venidas de mi padre.
,,,,,,
Posiciones
Posiciones
Tres o cuatro veces
crucé el país por este itinerario
y siempre el cálculo a oscuras,
la predicción de lo que debe aparecer.
Aquel borde del camino donde paramos a estirarnos
o una casa sola en su propia anarquía,
algún arreglo extraño en el jardín.
Esa clase de vistas se graban en la retina
y quedan estancadas en el auto
hasta ponernos en marcha.
Las imágenes,
la cabaña abandonada
sobre un arcén de siempreverdes
detrás de un contorno esperado,
van llegando con la próxima hondonada,
como llega una estación y no el tren.
Recordar las cosas tan sólo
cuando avanzamos hacia ellas,
y de algún modo las posiciones parecen correctas.
La mente hace listas en su movimiento,
inventarios sin importancia
hasta que el camino los trae de nuevo a la memoria.
……
P. D.
P. D.
Vine aquí a refugiarme,
mi nueva casa a un tiro de piedra
del mar, simplemente a caminar
de noche por la costa, y cuando salen los sapos
consolarme echado sobre la cama
escuchando el lamento bovino de la sirena
o alguna pieza clásica de fondo
confundiendo el soplido del vinilo con más lluvia.
Podría haber una solución
en la sal que trae el aire, pero no lo aceptarían
los arbustos. Miraré barcos,
conversaré en tono menor
con la mujer de los helados
y siempre seré el visitante que ha llenado
el cuarto de libros, esa vieja reclusión.
……
Una tarde lluviosa de verano
Una tarde lluviosa de verano
Y aunque las últimas luces en el negro oeste se apaguen
—Gerald Manley Hopkins
Entre los altos árboles de tu padre
una astilla de lejana luz poniente al anochecer,
el único estímulo en días de cielo gris,
lo único constante en un verano de lluvia y aburrimiento.
Los mosquitos se juntan entre árbol y árbol
formando esferas frenéticas.
En una esquina del jardín
la glorieta desmoronada. Tapada por su propio techo
estuvo tirada allí todo el verano,
mientras él vive entre los muebles
de la familia mermada, extrañando los cielorrasos altos
pero no el frío, y sí, el sueño que traen los postigos.
……
[Fuente y traducción: Gerardo Arturo Gambolini]
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