"Tengo y he tenido muchos nombres. Perro Pequeño era como me
llamaba la abuela Lan. ¿Qué hacía una mujer que se ponía a sí misma y a su hija nombres de flores llamando «perro» a su nieto? Una mujer así mira solo por sí misma. Como sabes, en el pueblo donde creció Lan, al niño más pequeño o débil de la prole, como era mi caso, se le pone el nombre de las cosas más despreciables: demonio, niño fantasma, morro de cerdo, hijo de mono, cabeza de búfalo, bastardo… Perro Pequeño es el nombre más tierno que encontraron. Porque los malos espíritus, errantes por el mundo en busca de niños sanos y hermosos, al oír que llamaban a cenar a niños con nombres de cosas horribles y repulsivas, pasaban de largo de la casa y el niño se salvaba. Amar algo, por tanto, es darle el nombre de algo tan falto de valor que se puede ignorar y dejar intocado y vivo. Un nombre, delgado como el aire, puede ser también un escudo. Un escudo de Perro Pequeño."
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De: En la tierra somos fugazmente grandiosos.
(Fuente: Griselda García)
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