miércoles, 5 de enero de 2022

María Calcaño (Maracaibo, Venezuela, 1906 - Caracas, 1956)

 

 







HORIZONTE

 

En trémulo anhelo

yo vivo de un sueño:

irme bajo el cielo

libre como el viento.

 

Risueño

me tienta el camino,

y no sé si puedo

decirlo sin miedo,

pero yo me siento

loca como un trino

subiendo la falda

de alguna montaña…

 

Y aguardo desde la ventana,

tendidas las manos

ante los lejanos

montes de esmeralda.

Y cada mañana perdida en anhelos,

es mi pensamiento:

firme bajo el cielo

libre… como el viento!

 

LA OFRENDA

 

Se volvieron otros los deseos sanos

cuando mi caricia dobló la locura

estremecida y fatal de sus manos

ansiosamente alargadas de blancura.

 

Estaban sellados los labios en vano.

Para las palabras era ya muy tarde.

Llevaba una estrella prendida en la mano

 y estaba menguada la mano cobarde.

 

En la tarde limpia ya el primer lucero

mostraba su guiño de luz al sendero

turbio y misterioso bajo su temblor.

 

Recogí sus manos trémulas y frías

bajo las dos alas tristes de las mías

y les di mis labios con mudo fervor.

 

ZETA

 

Yo se que he de morir,

que ha de venirme eso...

Pero no quiero llantos,

ni doblez de campanas

ni alborotos, ni rezos.

 

Déjame solamente

el calor de tu pecho

sin estorbo de gente...

 

Y ahora que nada me dices...

habla de cosas buenas,

alegres, de mentira.

Bésame intensamente...

júrame que me quieres

y descíñeme este peso

de angustia.

 

 

 

TERCERA VIGILIA

 

Ahora son otros días.

Y el amor serpenteando la orilla de mi falda.

Si esto fuera después…

cuando la tierra ciña mis caderas sin brillo;

y dentro de la noche

yo sea otra noche.

 

Hoy tengo angustia y pena linda.

 

Mientras, cierro los ojos

y te pienso otra vez.

 

Queriendo tus manos plácidas

y tu boca sin besos

he vuelto a ser tuya,

como otra mujer

sobre esta que tú conociste:

de placeres antiguos

y borrados en furiosas estrías…

 

¡Cómo espero tus noches!

Ahora sueño:

cuentos y lagunas,

y focas persiguiendo la ternura del viento…

 

Para saber que existo

quiéreme alguna noche.

Sin voces, sin estrellas,

pero juntos y hundidos

como tierra en la tierra…

 

PRIMER ESPANTO DE LA NIÑA CON LUNA

 

Miro esto que brota dentro de mí,

y me arrodillo.

Y casi digo oraciones,

nombrando al padre muerto

con un gesto largo y extraño…

Como de lejanos países

vienen sonando piedras.

Y arañas menudísimas

por los rumores de las uvas.

¡Y explosiones de minas!

También niños

adentro de mi corazón…

 

Mi falda se arremolina,

se levanta como un barco,

haciendo señales

de alegría en la noche.

Mientras sigo llorando…,

alzando los brazos tanto,

que desaparecen los senos

en el viento.

 

En mis hombros

tiembla la noche;

una horca

que moviera en el aire

dos lunas.

Me acerca un miedo extraño.

Y me siento mujer,

¡Deliciosamente mujer!

 


(Fuente: La Parada Poética)

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