HORIZONTE
En trémulo anhelo
yo vivo de un sueño:
irme bajo el cielo
libre como el viento.
Risueño
me tienta el camino,
y no sé si puedo
decirlo sin miedo,
pero yo me siento
loca como un trino
subiendo la falda
de alguna montaña…
Y aguardo desde la ventana,
tendidas las manos
ante los lejanos
montes de esmeralda.
Y cada mañana perdida en anhelos,
es mi pensamiento:
firme bajo el cielo
libre… como el viento!
…
LA OFRENDA
Se volvieron otros los deseos sanos
cuando mi caricia dobló la locura
estremecida y fatal de sus manos
ansiosamente alargadas de blancura.
Estaban sellados los labios en vano.
Para las palabras era ya muy tarde.
Llevaba una estrella prendida en la mano
y estaba menguada la mano cobarde.
En la tarde limpia ya el primer lucero
mostraba su guiño de luz al sendero
turbio y misterioso bajo su temblor.
Recogí sus manos trémulas y frías
bajo las dos alas tristes de las mías
y les di mis labios con mudo fervor.
…
ZETA
Yo se que he de morir,
que ha de venirme eso...
Pero no quiero llantos,
ni doblez de campanas
ni alborotos, ni rezos.
Déjame solamente
el calor de tu pecho
sin estorbo de gente...
Y ahora que nada me dices...
habla de cosas buenas,
alegres, de mentira.
Bésame intensamente...
júrame que me quieres
y descíñeme este peso
de angustia.
…
TERCERA VIGILIA
Ahora son otros días.
Y el amor serpenteando la orilla de mi falda.
Si esto fuera después…
cuando la tierra ciña mis caderas sin brillo;
y dentro de la noche
yo sea otra noche.
Hoy tengo angustia y pena linda.
Mientras, cierro los ojos
y te pienso otra vez.
Queriendo tus manos plácidas
y tu boca sin besos
he vuelto a ser tuya,
como otra mujer
sobre esta que tú conociste:
de placeres antiguos
y borrados en furiosas estrías…
¡Cómo espero tus noches!
Ahora sueño:
cuentos y lagunas,
y focas persiguiendo la ternura del viento…
Para saber que existo
quiéreme alguna noche.
Sin voces, sin estrellas,
pero juntos y hundidos
como tierra en la tierra…
…
PRIMER ESPANTO DE LA NIÑA CON LUNA
Miro esto que brota dentro de mí,
y me arrodillo.
Y casi digo oraciones,
nombrando al padre muerto
con un gesto largo y extraño…
Como de lejanos países
vienen sonando piedras.
Y arañas menudísimas
por los rumores de las uvas.
¡Y explosiones de minas!
También niños
adentro de mi corazón…
Mi falda se arremolina,
se levanta como un barco,
haciendo señales
de alegría en la noche.
Mientras sigo llorando…,
alzando los brazos tanto,
que desaparecen los senos
en el viento.
En mis hombros
tiembla la noche;
una horca
que moviera en el aire
dos lunas.
Me acerca un miedo extraño.
Y me siento mujer,
¡Deliciosamente mujer!
(Fuente: La Parada Poética)
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