Anoche
murió mi amigo
el Ántrax.
En la calle nomás.
Gomero de a changas,
peón zafrero, alcohol y taba,
de vez en vez
algo ajeno
se le resbaló en el bolsillo,
cicatrices de comisaría,
eterno sospechoso,
mil turbadas noches
pensando en el puchero,
el rancho de piolas y adobes,
las vinchucas,
hijos por ahí,
pata sucia,
perro pegoteado
a la rodilla,
sepulturero de ocasión
y soldador con cautín,
se peló el culo, las llagas,
el almita
que caía
como agua tibia
en este polvo fugaz,
la madre tetas largas
y el padre que no tuvo
le fueron sólidos infieles.
La Revolución
no lo tuvo trazado
en su plan fraterno,
universal y permanente.
No esperó
el día de san Silvestre.
Otra urgencia
lo retuvo
con su bocota llamadora.
Flamígero desaguado.
- Inédito -
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