miércoles, 5 de enero de 2022

Eugenia Straccali (La Plata, Buenos Aires, 1970)

 

I. LA MÚSICA DEL POEMA

 
Quien no escribe ni está enamorado
ni se psicoanaliza, está muerto.
(Julia Kristeva)
 
 
Para escuchar la música de un poema hay que
abandonarse
se precisa la lejanía
la interrupción del continuo humano
y su cansancio prosaico
ritmo de voces y pájaros
contrasentido del mundo
que nos permite aullar
porque sabemos del terror
que produce estar en la superficie.
 
Oda al ruiseñor
siento en mi garganta
un lenguaje agitándose
poesía y dolor
estado de vigilia
en la apertura de la noche
cesura de un verso
migra el sonido pardo de sus alas
herida de la lengua
el poema peligra en la escritura
el silencio habita el lenguaje
y al mismo tiempo en sus fronteras.
 
Qué callado debió estar aquel mar
para el milagro de la palabra.
 
..
 
Desde lo más profundo de la arboleda, un ruiseñor
sacia con su melodía la obscuridad deseada
(P. B. Shelley)
.......
(En "Para escuchar la música del poema" Buenos Aires Poetry, 2019).
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Estuvimos ahí
desde la génesis
de todas las cosas,
la tierra se fermentó
y aparecieron membranas
una neblina ocupó el aire adentro
la luz
alimentó la noche.
Nacimos como seres híbridos directamente del suelo.
Brotaron primero:
ojos sin cabeza
cabezas sin cuernos
luego plumas y escamas
diseminadas entre el musgo
mujer arriba
pez abajo.
Las sirenas no hablamos cabalgamos en la superficie del mar somos yeguas
ensimismadas con el horizonte y la frontera imposible
(no te asustes, ya me alejé del todo como me pediste)
es tan difícil exiliarse de vos tan difícil ahora habitamos lo intemporal
de los muertos
lanzados a vivir lo cotidiano, las herrumbres de sus cadenas.
nuestro amor tiene que atravesar el derrumbamiento para no quedar inerte
No te escondas en el fondo del navío
ni te alarmes por lo que pueda sucederte claro que no hay garantías
es pathós primitivo
fuerza abisal:
sirena-caballo.
En la “noche de los tiempos” mujeres que caen
caídas
en caída
porque lo femenino
es singular.
El amor
es suplencia a ese otro goce que ella puede evocar
se encuentra más allá del hombre, más allá del mar.
Goce femenino, de sirena blanca,
se lee la frecuencia de su voz en el poema.
Un hombre como Ulises
no pudo hablar de lo indecible de las mujeres acuáticas.
........
(En "¿Por qué no hablan las sirenas?", Prueba de Galera Ed, 2019)
 
 
(Fuente: Meta Poesía)

 

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