Fugaces
“Tus ojos que antes nunca se cansaban de los míos
se abaten de pena bajo tus párpados trémulos
porque se apaga nuestro amor.”
Y dice ella:
“Aun cuando se apague nuestro amor,
vayamos a la orilla solitaria del lago una vez más,
juntos a esa hora de quietud en que se duerme
esa pobre criatura cansada, la pasión.
¡Qué lejanas parecen las estrellas, y qué lejano
nuestro primer beso, y qué viejo, ay, mi corazón!
Pensativos caminaban entre las hojas marchitas,
mientras él, cuya mano tomaba la de ella, repuso lentamente:
“La pasión a menudo consumió nuestros errantes corazones.”
Los bosques los rodeaban, y las hojas amarillas
caían en la penumbra como débiles meteoritos, y en un momento
un conejo añoso rengueó por el camino;
el otoño se abatía sobre él; y entonces se detuvieron
a la orilla solitaria del lago una vez más:
al volverse, vio que ella se había echado
hojas muertas en el pecho y el cabello,
húmedas como sus ojos, recogidas en silencio.
“Oh, no lamentes”, dijo él,
“que estemos cansados, pues otros amores nos esperan;
odia y ama en horas sin descontento.
Ante nosotros aguarda la eternidad; nuestras almas
son amor, y una continua despedida.”
......
Cuando estés vieja
Cuando estés vieja y cana y soñolienta
y, cabeceando junto al fuego, tomes este libro
y leas lentamente, y sueñes con la dulce mirada
que tus ojos tuvieron una vez, y con sus sombras oscuras;
cuántos amaron tus momentos de gracia jubilosa,
y amaron tu belleza con amor genuino o falso,
pero sólo un hombre amó tu alma peregrina,
y amó los pesares de tu rostro que cambiaba;
y al encorvarte junto al hierro enrojecido,
murmures, con algo de tristeza, cómo huyó el Amor
y se fue por las montañas a lo alto
y ocultó su rostro entre millares de estrellas.
......
[Traducción: Gerardo Gambolini.]
(Fuente: Gerardo Gambolini)
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