El pescado
El primer pescado
que atrapé
no se quedó tranquilo,
quieto en el balde.
Se movía y boqueaba
en el ardiente
asombro del aire
y murió
en una vertiente muy lenta
de arcos iris diminutos. Después
abrí su cuerpo y aparté
la carne de sus huesos
y lo comí. Ahora el ser
vive en mi: soy el pez, el pez
brilla en mi: nos
resucitamos, nos enredamos, seguros al caer
de espaldas al mar. Sin dolor
y dolor y más dolor
alimentamos esta trama febril, somos nutridos
por el misterio.
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