En las tumbas de los monjes de antaño
escribían la palabra con piedra rota,
se sabía el cántico antiguo;
nadie retomaba nunca las sílabas
ni las dejaba encintas en el aire—
eran del silencio pesado de la página.
Pero el canto sabe del indicio del cielo,
del cierto rumor que lleva al rubor del sol
y la luna roja de pigmento extraño,
las luces que calan la estancia
con pétalos de otoño y referencias
insólitas en el seno de mi fe abandonada—
que es aquello en lo que creían las bestias,
cómo se rociaba la danza con sangre de buey
y los labios con fuego derretido de dragón
de selva caliente y hambrienta,
de selva selecta, impregnante,
con savia en el centro del esqueje.
En Poema del bajo continuo
La Garúa Poesía
(Fuente: Papeles de Pablo Müller)
No hay comentarios:
Publicar un comentario