sábado, 14 de agosto de 2021

Iván Argüelles (México, nació en Minesota, EEUU, 1939)

 

 

Antes de que llegara el Buda

 

había muchos de ellos
durmiendo en los árboles
o despiertos tan sólo mirando desde una
distancia plateada las espaldas relucientes
de animales
como si prepararan la idea de la caza
caras compuestas de aspirina y piel
dientes como peines clavados en
los hombros de sus compañeros
dibujando un fluido lento como un sueño
con el que pisar la luna nueva

han olvidado al testigo oscuro
de las estrellas
menguando ahora como orbes de polvo
en la mente oculta del cielo
han bajado al suelo
para pasar años dentro de las pieles
de lo que han matado
pronto serán personas
inventando unidades de pensamiento o
describiendo seres paralelos con los cuales
puedan explicar el extraño inconveniente
de morir

* * *

 

Búfalo

 

bajo nuestros pies
la hierba ha dejado de rodar
un solo cigarrillo deshace las hojas
el metal aparece sin razón alguna
donde necesitamos dormir
el horizonte desaparece en un zipper
nuestros cascos se hunden en millas de papel
una fina flama que nos atraviesa
flanco a flanco
cataloga la función de nuestra piel

en un estanque tranquilo
en algún lugar al lejano oeste de aquí
un dios con mandíbulas azul cielo
con tacones de creosota
con ojos de celuloide
con una magnífica solapa de hojalata
y un boleto de tren que funciona como un reloj
se está comiendo al último de nosotros

 

* * *

 

Mi fantasma

 

no puedo entender lo que el fantasma
en mi muñeca está diciendo
tengo cinco años otra vez
vistiendo el azul de los hospitales y soplando barcos
de celofán que hacen un mar en la laguna del parque
no yo he muerto girando mi brazo
por un pedazo de piedra
me acuesto en el fondo del río formando
agua para el paso de mi pelo
escucho los ecos de mi familia
que todavía está encerrada el viernes por la noche
mirando el cielo brillante y el alfabeto de las estrellas rugientes
no hay ninguna pequeña ceremonia para esta muerte
sólo una cuerda de zapatos y un cuernito de hojalata
y los tristes ojos sin lágrimas del fantasma
mientras toma su almuerzo solitario
lejos en una península de gas

* * *

 

 

El principio de la historia de México

 

el inventario de la gracia
aún no ha llegado por acá
a nuestro alrededor cruje el mar de latón
y salpican el cielo velas fantasmales
con su pasaje aún no recibido
el cielo se convierte en una cúpula
de un amarillo que escurre y anticipamos
la lluvia de oro
qué vacías están las calles de tenochtitlan
las banderas aúllan con una rabia simple
y la flecha del médico
encuentra su objetivo en el órgano humeante
dientes de plata tiemblan en fragmentos
párpados de correo enroscado se cierran las
camas están apiladas para la eternidad
y los muertos con su dulce olor
a centeno moreno en contenedores oscuros
están dispuestos para que todos los vean
su ciudad se balancea sobre un pedestal de cobre
y los miles de címbalos de su sueño
provocan que las montañas color naranja
retrocedan como una llama de pluma
en la taberna los leopardos devoran
a una madre congelada en mezcal y
un cigarro salvaje enciende
los inmensos campos del maíz drogado
pronto aparecerá el primer caballo
con sus flancos glaciales
negro como el hielo del infierno supremo
y su jinete de metal imperdonable
agitando el sombrero azur de san miguel

* * *

 

la muerte de garcía lorca

 

la poesía nace pero nace tarde
en una tormenta de alas incandescentes
que cargan el vacío con sombras inmensas
los motores del corazón se alimentan de tensión
lo más cercano al romance es la distancia

ya la persona que dijo esas cosas
se ha preparado para el pelotón de fusilamiento
ángeles líquidos llorando lágrimas de oro
descienden sobre él borrando primero los pies
luego sus rodillas con las que rezaba
luego su sexo con el que rezaba
luego su sexo con el que dinamitaba metáforas
luego su cintura inventada por el hielo
luego su pecho que apuntaba como una brújula
hacia la fuente de sangre
luego su garganta con sus discos fonográficos robados
luego su cara tan parecida a la física de una nube
luego su cabello violento como el mar
luego su nombre
luego su nombre

asediado por armas opuestas
abrazando la pared por última vez
sus ojos capturados por remolinos blancos
en sus pantalones estrellas vertiginosas bailando
sus zapatos separados uno del otro
como si fueran pan y agua

recibe el acento amargo de la justicia

 

 

(Fuente: Nexos)

 

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