MÁSCARAS
Sangró mi corazón como una estrella
crucificada.
Dolor;
del sándalo purísimo del sueño
trabajaron la balsa de mi vida.
Amor
hízome calles de esperanza
que oprimieron tus manos de alegría.
Sus máscaras de aromas pusiéronme los astros
en las músicas negras que miran lentamente
mi soledad de túnel olvidado.
Y todavía el muelle
de mi ser bosteza;
yerra mi angustia
dando vueltas y medias-vueltas
como barricas.
Hasta que al fin, se romperá algún día
mi corazón, como un ladrillo.
¡Sus máscaras de aromas me prenderán los astros!
HAMBRE
Vigilancia nocturna de arboledas
constantes
en una interminable perspectiva
rasada de canciones
desmesuradas.
Se engancha hondamente a mi ternura
la sangre de los astros;
se llenan mis bodegas con el vino
de la expansión;
se cubren mis graneros con los granos
de Dios.
Es muy ancho el sombrero de la noche
puesto sobre el paisaje.
Hacen alegre ruedo
taifa de vientos peleardores
de dientes amarillos.
Perpetuo insomnio
mis pasos olfatean como perros
un lobo imaginario
guardando los apriscos.
Cenas del hambre.
Recogimiento bufonesco
salado de idiotismo:
voz de falsete
en francachela corpulenta.
REQUIEM
Olores de amarillo.
Aliso de silencios
cual colgaduras tiesas
en la flor negra de mi estancia.
Sonrisa azul y blanca.
Gritos desesperados de los trenes
que doblan imprevistos horizontes
de lluvias y de fríos.
Otoño-
taburete desolado;
tabaquera de días rubios,
lánguidos y descalzos
y oscuras tardes de Rosario.
Un rebullir de sillas me despierta;
sabor de infancia; olores de amarillo.
SUBCRISTAL
Zarpas monótonas
amarillentas de las horas
de Otoño,
en las cifras muy lentas de mi hastío.
Tonalidades;
respuestas y llamadas de motivos
en una discordancia de apariencias.
Brilla el cristal de mi locura.
Efervescencias bruscas;
ojos endemoniados de un molino
junto al enorme zueco
de una carreta que relincha.
Cascan mis dientes piedras de blasfemia.
(Fuente: El Placard)
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