El escorpión
está oculto
en cadáveres
y diamantes.
Tierra fervorosa
lo amaña
para sus correrías
y el rigor de su veneno.
Y yo,
que
usé la vara,
su filosa cola,
y el flujo de electrones,
en el ceñido interrogatorio,
como así el robo
de tiernas ovejas y niños;
yo,
que fui la omnipotencia
y la horrorosa pujanza,
el hierro candente,
el vino agriado,
el pleno poder,
y el martillo
que parte en pedacitos
tanto el carbón como la piedra.
Yo,
entonces,
de asentados pies
que vaporizan
lo lleno de sí
y lo vacío de mí,
sólo aspiro
a una cama blanda
y un suero compasivo,
en estas horas
que mi alma vuela
a inseguro puerto,
y tembleque por perdón
babeo,
me arranco un ojo,
un diente, un testículo,
mis viejas tareas
de valor inimitable.
- Inédito -
No hay comentarios:
Publicar un comentario