domingo, 8 de agosto de 2021

Fernando Kofman (Posadas, Misiones, Argentina, 1947)

 

 

CARIÁTIDES

 
Lo que muestra el
"Diccionario de Deleuze"
en sus veinte minutos
de emisión,
es que su lenguaje,
sus sinuosidades,
sus silencios,
se aproximan a
la poesía.
 
 
Lejos de lo enfático
del desarrollo discursivo,
propio de los jefes
de Estado,
donde no hay
pausas ni dudas,
él se muestra como
esas cariátides de
la avenida Belgrano
que cargan sobre sus
hombros un gran
edificio.
 
Las cariátides están opacas
por el paso del tiempo,
y lo que dice este
pensador también
es opaco.
El ensayo está haciendo
crujir la poesía
como a un vestido
al que se le reviertan
las costuras.
 
*
 
 

FINALES

 
No hay finales felices.
Todo depende, como
decía Orson Welles,
de donde quieras
contar la historia.
 
La historia es abrupta,
amarga, sin un gramo
para lo edulcorado,
la lluvia de papel picado,
la melodía con arco iris.
 
En sus estudios para
piano, Ligeti rompe
esta poética. Cierra
con una nota que
se atraganta en la boca.
 
Lo mismo hace Boulez.
No es música para
películas. Es música
para mostrarte que
estás en un páramo.
 
¿Dónde terminar una
historia? En el punto
que la historia es una
gran piedra en
tu zapato.
 
No podés caminar.
No podés respirar.
Cada día que se
abre es negro.
Bueno. Así fue toda
la década del setenta
aquí.
 
*
 
 

LA ROSA PÚRPURA DE EL CAIRO
 

Salir de la pantalla
y entrar en la vida
real no es fácil.
Más si te atrapa
el personaje y te
estusiasmás con él.
 
Escritores y actores,
una fauna diversa,
van por los caminos
creyendo que están
en una escena
y que alguien los filma.
 
Lo ficcional no
permite abandonar
el guion. Pero la
vida tiene sobresaltos.
Estás obligado a
improvisar. A
afrontar secuencias
incomprensibles.
 
La vida no es un cine.
Es más que eso.
El cine es pariente
del sueño. Para
que no sea sólo sueño
ya tuvimos un
Rossellini, y muchos
terminaron asfixiados.
 
La angustia es más
que una palabra.
Más que un fotograma.
Se sale del encuadre.
No se interrumpe
con el “corten”.
 
A veces el cine
logra la incerteza
del poema, su orfandad.
Tiene que tener
magia, candor,
pesadumbre. O el
desaliento del rostro
de Mia Farrow
cuando termina
la película.
 
***
 
(Fuente: César Cantoni)

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