Todo lo que era en realidad
ese instante -permaneció
en él-. No existe en ningún otro
ahora: esa noche y el camino a la estación,
nubes de cornejas sobre el parque, el apretón de manos
y ese tren que se estaba poniendo en marcha entonces.
Poco, muy poquito. Suficiente,
para -muchos años después- en un cuarto
vacío y frío taparse la boca con un puño mordido. Y
no gritar: por un tiempo prolongado, como un entendido. Describir:
la noche, la carretera, las nubes de cornejas y el tren, todo
que hubo. Lo demás no existe. Es
únicamente la memoria. Sólo mi
memoria, yo, lo indescriptible.
Trad. Ada Trzeciakowska
***
(Fuente: Ada lírica)
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