lunes, 2 de octubre de 2023

Robert Hershon (Nueva York, Estados Unidos, 1936-2021)

 

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MICHAELEEN SE FUE

 

Vuelve a casa. Tu ropa está muerta.
Cuelga sin usar en medio del polvo... ¿desde hace cuántos años?
Mi camisa se queja en la silla roja.
 
El silencio se consolida, pesado, denso.
El aire intruso apenas puede respirarse.
La lámpara que enciendo aún arde al mediodía.
La marca del mismo vaso en el mantel.
 
Vuelve a casa. Dejaste tu cara en el espejo
No me atrevo a mirar mientras me cepillo los dientes.
Cubrí de rayones sucias hojas de papel cuando me dejaste.
Estoy a punto de probarme tus sombreros.
 
 
 
______________________
en "Into a Punchline: Poems 1984-1994", Hanging Loose Press, Nueva York, 1994. Versión de Jonio González. En la imagen, Robert Hershon (Nueva York, Estados Unidos, 1936-2021) por Carol Baum (New York Times).
 
 

MICHAELEEN AWAY

 

Come home. Your clothes are dead.
They hang in dust unworn — how many years?
My shirt moans on the red chair.
 
Silence hardens, stale, unsliced.
The squatting air is semi-breathed.
The lamp I light still burns at noon.
The same glass rims the tablecloth.
 
Come home. You left your face in the mirror.
I dare not look as I brush my teeth.
I scratch on sheets soiled when you left.
I' m about to try on your hats.
 
 
 
(Fuente: Jonio González)

 

Juan Carlos Moisés (Chubut, Argentina, 1954)

 

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EL QUERIDO
 

Según el último censo
nacional,
mi pueblito, el querido,
el natal, tiene más o menos la misma
cantidad de habitantes
que cuarenta años atrás;
eso porque no contaron árboles,
sueños, pajaritos, nubes, aguaceros,
todo lo que respira
y queda para siempre.
 
*****
 
 

POEMA ESCRITO SIN PALABRAS
 

Olvidé mi lapicera en el banco de una plaza.
Volví a buscarla: alguien había dejado
una hoja en blanco a modo de respuesta.
¿Quién ideó esa provocación
a mi provocación involuntaria?
¿O fue el azar que la trajo planeando en el aire?
Me miré en esa hoja lisa y muda.
Debía de tener algo especial que decirme.
Yo no tenía nada para decirle a esa hoja.
Era una pregunta y pedía una respuesta:
la única posible fue dejar la lapicera sobre la hoja.
Algo en la hoja se dio por aludido, fue evidente.
Pero un hecho después de otro hecho
es una conversación: no demoré en volver.
Alguien había quebrado la lapicera
y había dejado los pedazos sobre el papel.
Hay conversaciones que no terminan nunca.
 
 
 
(Fuente: Meta Poesía)

 

Jorge Aulicino (Buenos Aires, 1949)

 

 

Un cuadro de Eduardo Stupía

 

En el rabo del ojo
se ve el lugar en que mi país licúa
el continente,
y es con difusas manchas,
mezcladas con gruesos trazos de pincel
o rotulador.
A medida que bajamos por el mapa
vamos siendo un país con poca vegetación, casi
nada de verde o maíz o anacondas o calas,
y sin revolución alguna pintada en las paredes
de salas enormes en palacios gubernamentales.
Nos diluimos en un silencio que no aterra,
el hielo avanza hacia nosotros con viento y niebla,
sobrevolado por gaviotas,
mientras escapa, húmedo, entre las piernas
       de los transeúntes,
el verano espantoso y amarillo.
 
*
 
 

Habanera
 

De pronto entró María Callas
la platea sufrió un desvanecimiento
se vio a mujeres abanicando a enanos
estallaron barcos petroleros en el puerto
pero cesaron los crímenes pasionales
los hombres solo decían madre y señora.
 
 
 
 "Poemas fantásticos y de ciencia-ficción", inédito

Inger Christensen (Velje, Dinamarca, 1935-Copenhague, Dinamarca, 2009)

 

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DOS POEMAS

 

Si estoy de pie
sola en la nieve
es lógico
que yo sea un reloj
 
¿cómo iba si no la eternidad
a encontrar su camino?
 
***
 
 

PETRIFICACIÓN

 

Allá en la mesa
están mis manos
Debajo en el suelo
están mis pies
Fuera
muy lejos en algún lugar
yo no veo
lo que tú ves
con mis ojos
 
 
_________________________
trad. de Francisco J. Uriz en "Poesía nórdica", Ediciones De La Torre, Madrid, 1999. En la imagen, Inger Christensen (Velje, Dinamarca, 1935-Copenhague, Dinamarca, 2009 / Kristelig Dagblad)
 
 
(Fuente: Jonio González)

 

Nora Strejilevich (Buenos Aires, Argentina, 1951)

 



Elisabeth Moss en la serie The Handmaid’s Tale
basada en el libro homónimo de Margaret Atwood
 
 
 
CUANDO ME ROBARON EL NOMBRE

Cuando me robaron el nombre
fui una fui cien fui miles
y no fui nadie.
NN era mi rostro despojado
de gesto de mirada de vocal.

Caminó mi desnudez numerada
en fila sin ojos sin yo
con ellos sola
desangrado mi alfabeto
por cadenas guturales
por gemidos ciudadanos de un país
sin iniciales.

Párpado y tabique1
mi horizonte
todo silencio y eco
todo reja todo noche
todo pared sin espejo
donde copiar una arruga
una mueca un quizás.

Todo punto y aparte.

Hasta que un día
me devolvieron el nombre
y salí a lucirlo por los pasillos
del mundo.
Máscaras encontré
países perfiles adormecidos
lenguas golosas de novedades
absurdo.
Me dejé caminar así
hacia mi ningún lugar
hacia mi nada
por desfiladeros de huellas
sin rocío
sin poder traducir
mis cicatrices.
¡Este nombre no es mío!
El mío
era cien era mil era todos
el mío
era cuerpo era vientre era voz
tenía vecinos silbaba
era diurno y nocturno
era un dios.
¡Se me ha perdido mi nombre!
por las veredas de un mapa
sin esquinas grité
entre puertas acribilladas de miedo.
¡Quiero mi nombre!
mi nombre propio curvo palpitante
¡Que me lo traigan!
envuelto en primaveras
con erre de rayuela
con o de ojalá con a de aserrín aserrán.
Mi nombre enredadera se enredó
entre sílabas de muerte
DE SA PA RE CI DO
ido
nombre nunca más
mi nombre.
Enajenada de sujeto
no supe conjugarme
no supe recorrer
el abecedario de mis lágrimas.
Fui ojos revolviendo ayeres
fui manos atrapando jirones
fui pies resbalando
por renglones eléctricos.
No supe pronunciarme.
Fui piel entre discursos
sin saliva sin vestigios
de dónde ni por qué
ni cuándo ni hasta cuándo.
¡No podrás jamás decirlo!
jamás decirte, pensé.
Pero escribirás,
escribiré sí
miles de ges de eres de eses
garabatos vicarios
hijos de mi boca
remolinos de deseos
que fueron nombres.
Escribiré
látigos negros para domar
ciertas salvajes mayúsculas
ahogándome la sangre.
Resistiré resistirás
con nombre y apellido
el descarado lenguaje
del olvido. 

1 Nombre que le daban en la Argentina los genocidas al paño con el que cubrían los ojos de los secuestrados.


WHEN THEY STOLE MY NAME

When they stole my name
I was one a hundred a thousand
and I was no one.
My face was NN stripped
of gesture of glance of utterance.

My numbered nakedness marched
in file without eyes without I
alone with them
my alphabet bled white
by guttural chains
by citizen moans from a country
without initials.

Eyelid and blindfold
were my horizon
everywhere silence and echo
everywhere bars everywhere night
everywhere walls without a mirror
to reflect a wrinkle
a grimace a perhaps.

Everywhere period paragraph

Until one day
they gave me back my name
and I went out to show it off in the
corridors of the world.
Masks were what I found
silhouettes of sleeping countries
tongues greedy for new things
absurd.
I let myself proceed this way
towards my no where
towards my no thing
through defiles of tracks
without dew
helpless to translate
my scars.
This name isn’t mine!
it was a hundred a thousand all of them
mine
it was body and womb and voice
it had neighbors it whistled
it was diurnal and nocturnal
it was a god.
My name is lost!
I shouted down the pathways
of a borderless map
between doors riddled with fear.
I want my name!
my own name throbbing and round
Tell them to bring it!
wrapped in springtime
with the j of jumping jacks
the h of hope so and s of sawdust
sawcrust.
My twining name tangled itself
in syllables of death
DIS AP PEARED
gone
name never again
my name.
With the subject unhinged
I couldn’t be conjugated
didn’t know how to travel
the alphabet of my tears.
I was eyes turning over yesterdays
hands grasping tatters
feet slipping
on electric wires.
I couldn’t pronounce myself.
I was skin between speeches
without a way out or a trace
of where or why
or when or until.
You’ll never be able to say it!
never speak yourself, I thought.
But you will write,
yes I will write
thousands of g’s r’s s’s
pastoral scribblings
children of my mouth
whirlpools of wishes
that were names.
I will write
black whips to tame
certain uppercase savages
blood drowning me.
I will resist you will resist
with first name and last
the bald-faced language
of forgetting.

Traducción de Crawford MacCallum
2011

(voces de poetas judías latinoamericanas)
Ediciones Torremozas, Madrid, 1999
Compilación y prólogo de Marjorie Agosín



Ph Mari Correa
Nora Strejilevich
(Buenos Aires, Argentina, 1951)
Reside en San Diego, EE.UU.

 

 

 

 

 

 

 

 

(Fuente: Emma Gunst)

Nicanor Parra. (San Fabián de Alico, 5 de septiembre de 1914-La Reina, Santiago, 23 de enero de 2018)

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Autorrerato

 

Considerad, muchachos,
Este gabán de fraile mendicante:
Soy profesor en un liceo obscuro,
He perdido la voz haciendo clases
(Después de todo o nada
Hago cuarenta horas semanales).
¿Qué os parece mi cara abofeteada?
¡Verdad que inspira lástima mirarme!
Y qué les sugieren estos zapatos de cura
Que envejecieron sin arte ni parte.
En materia de ojos, a tres metros
No reconozco ni a mi propia madre.
¿Qué me sucede? —¡Nada!
Me los he arruinado haciendo clases:
La mala luz, el sol,
La venenosa luna miserable.
Y todo ¡para qué!
Para ganar un pan imperdonable
Duro como la cara del burgués
Y con olor y con sabor a sangre.
¡Para qué hemos nacido como hombres
Si nos dan una muerte de animales!
Por el exceso de trabajo, a veces
Veo formas extrañas en el aire,
Oigo carreras locas,
Risas, conversaciones criminales.
Observad estas manos
Y estas mejillas blancas de cadáver,
Estos escasos pelos que me quedan,
¡Estas negras arrugas infernales!
Sin embargo yo fui tal como ustedes,
Joven, lleno de bellos ideales,
Soñé fundiendo el cobre
Y limando las caras del diamante:
Aquí me tienen hoy
Detrás de este mesón inconfortable
Embrutecido por el sonsonete
De las quinientas horas semanales.
 
 
(Fuente: Ser)

 

Nina Cassian (Galați, Rumania, 27 de noviembre de 1924 − Nueva York, 15 de abril de 2014)

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LA BODA

 

Ni vestido de novia.
Ni traje solemne.
Solo Él y Ella,
con ropa de diario,
delgados los dos, hambrientos, exhaustos,
después de los meses de amor intenso
previos a su decisión.
No se fijaron en el funcionario,
no vieron a los testigos.
Se miraban el uno al otro como en trance,
en una inmóvil danza interior.
Huyeron enseguida después de la ceremonia,
¿qué ceremonia?
Se lanzaron en un vuelo de Chagall por encima
de la ciudad.
Y nunca regresaron.
 
 

Traducción CORINA OPROAE
 
 
(Fuente: Adriana Hoyos)