A pase de Didí, Garrincha avanza,
el cuero contra el pie y el ojo atento;
elude a uno, a dos, después descansa,
midiendo la jugada y el momento.
Algo presiente; entonces va y se lanza
más rápido que el propio pensamiento,
gambetea a un par más, feliz y mansa
la bocha entre los pies, que son de viento.
La lleva así. La multitud palpita
y, agonizante, se levanta y grita
a coro su cantito de esperanza.
Garrincha, el ángel, los escucha: ¡Goooool!
Pura imagen: la G impacta la O
y entra al arco la L. Pura danza.
Traducción de Ezequiel Zaidenwerg
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