LAS CARTAS DE AMOR DE MI ABUELA
No hay estrellas esta noche,
excepto las del recuerdo.
Sin embargo, cuánto lugar hay para el recuerdo
en el flojo cinto de la suave lluvia.
Hay lugar suficiente
para las cartas de la madre de mi madre,
Elizabeth,
que han estado embutidas tanto tiempo
en un rincón del techo,
que son amarillentas y suaves
y propensas a fundirse con la nieve.
Sobre la grandeza de tal espacio
los pasos han de ser quedos.
Todo cuelga de un invisible cabello blanco.
Tiembla como los miembros de un abedul que enmaraña el aire.
Y me pregunto:
“¿Son tus dedos lo bastante largos para
las antiguas teclas que no son más que ecos?
¿Es el silencio lo bastante fuerte
para llevar a la música a su origen
y luego otra vez hacia ti
como a ella misma?”
Sin embargo, conduciría a mi abuela por la mano
a través de lo mucho que no entendería;
y, así, tropiezo. Y la lluvia sigue en el tejado
con tal sonido de piadosa y amable risa.
(Traducción: Agustí Bartra).
— Hart Crane
Nació en Garretsville, Estados Unidos, el 21 de julio de 1899-
Nota: Hoy recordamos en Hermeneuta al poeta estadounidense Hart Crane (1899–1932), una de las figuras más brillantes y enigmáticas de la poesía del siglo XX. Admirador de Walt Whitman y autor de una obra tan breve como intensa (murió, trágicamente, muy joven), desarrolló un lenguaje de gran riqueza simbólica que ha ejercido una enorme influencia. Hemos elegido este poema de llamativa temática para un modernista de la década de 1920. Así, evita el cinismo habitual de la época y se plantea una pregunta cruda y personal sobre su abuela: “¿puedo, todavía ahora, llegar a ella?”. Nos parece una buena puerta de entrada a la obra de este autor excepcional.
(Fuente: Hermeneuta. Revista cultural)
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