sábado, 7 de marzo de 2026

Pedro Patzer (Argentina)

 

 

Un neurocientífico afirma que Dios es la mejor invención 
del cerebro humano
y los grandes domesticadores de nuestra dignidad lo aplauden 
fervorosamente:
reconocen en él a otro servidor que nos conmina a las fronteras,
a los vínculos sin confines, a la gracia solo adquirida en dosis,
a una vida de clientes, a la sobredosis de lunes,
a la ausencia del pan del sentido,
a beber el lento veneno de la normalidad,
a la costumbre de los días sin misericordia,
a convencernos de que nuestros latidos no son golpes en las 
puertas de nuestra divinidad,
a que ya no hay fondo en nosotros
y mucho menos juguetes del horizonte.
De modo que la farsa prosigue:
los cuerdos, coronando reyes;
los obispos, bendiciendo armas;
los lingüistas, confinando la metáfora al artificio literario.
Aunque, por suerte,
los locos continúan tocando las guitarras invisibles
los poetas, poblando paraísos imposibles
y los maestros, enseñando la nueva palabra.

 

No hay comentarios:

Publicar un comentario