DÍA 6
Un camino me necesita muerto.
¿Quién podría perder su mano
desde un país que llora el suelo que lo traga todo?
¿Quién podría coser al gorrión que se posa en mi oreja
cuando sueño?
No se trata de meditar, sino de este paisaje en planos
y figuras, en raíces de trébol, en galaxias aturdidas por
abejas.
Todos los días llegaron a este sistema solar, a este punto
de agua, a esta cita conmigo sin yo y sin nosotros,
de no dar cuatro pasos seguidos sobre una línea de tiza
que alguien trazó hace miles de miles de minutos
sobre una calle sola. Nada se ha ganado
mientras algo se intente.
Esa flor horizontal que no está, ni estuvo nunca.
Tú, que eres audaz e inútil, destrúyete, bambú,
con lentitud; ejerce, cactus, tu paulatina desgracia,
acoge tu violencia más lenta.
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