martes, 3 de marzo de 2026

Silvia Rodríguez Ares (Mar del Plata, 1963)

 

 

Retrocede la luz

 

Retrocede la luz
y el frío avanza
nuevamente.
A cada paso
una hiena me muestra los dientes.
Pruebo
el licor de la derrota
y no me gusta.
Lo escupo y un tábano
pica mi espalda.
Me impulsa el veneno en la sangre
igual que un pensamiento.
Mis ojos escriben grafitis
y rompen las rejas
del Parque Rivadavia.
Lo negro es carencia del sol
que otra vez
faltó a la cita.
Dos arañas
se trepan por mis piernas
y me consuelan.
 
Junio 2024.
 
 

No, volver no puedo

 

No, volver no puedo
y si pensara en ocultarme en los aromos
ya no serviría.
Mi hermano me descubre
antes de nacer.
Me deja en una rama
apestada de sombras.
Le digo que me voy
de su recuerdo
me hundo en el pantano
de 1960.
Veo al primer hijo
de esa buena pareja
qué suerte es un varón
los felicito.
Llueve mucho. Después no.
Los días de verano en Playa Grande
fueron un regalo que cortó mi lengua.
Sufro insolación perpetua
soy miope
los amigos se me caen de las manos.
Admiro las flores
de todos los jardines.
Gasto el tiempo que me queda
en pintar margaritas
y me visto de negro
porque sí.
A veces tiro piedras
lastimo a los sapos
entonces la arboleda ruge
y es hora de guardar el corazón
para que dure un poco más.
Mi casa está cerca
la memoria es un camino corto.
Algo que olvidé regresa
desnudo en la niebla:
todavía no comprendo lo que dice.
Qué voz extraña
la del cuervo que me mira
al despertar.
 
Enero 2025
 

(Fuente: Alicia Silva Rey) 

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