UN POEMA DE ESE LUGAR LLAMADO NUNCA
EL VACÍO...
Lo que le da su valor a una taza de barro
es el espacio vacío que hay entre sus paredes.
Lao-Tsé
Dormimos
en el vacío,
nos sentamos
en el vacío,
nos besamos
en el único punto sólido
que nos concede la vida:
una boca que toco, toco
tu boca, en la que olvidarnos.
Y así hasta que la Parca descubra
detrás de qué átomo nos amamos.
(La luz no alumbrará ese momento).
El don
es saber que somos aire. (Vacío).
Al aire lo que es del aire.
Y agua. (Vacío).
Ríos a veces estancados, malolientes.
Ríos que van a dar a la mar.
¿Lo demás?
Un lugar donde, tal vez,
sea posible otra realidad.
Aquí, la probabilidad.
Esa dimensión en la que
una pértiga es una pértiga
como una rosa es (no siempre)
una rosa. Y dónde tú y yo,
tú y yo. Y acaso el amor.
El don es
saber que nacemos marcados
por heridas que no nos pertenecen.
¿O sí?
Por culpas que apenas cicatrizan:
palabras cuchillos que se superponen
a otros líquidos pestilentes.
El don es saber
que somos extorsionados por
el remordimiento que nos habita.
¡Todo tierra!
Y que este vacío que somos
podría redimirnos.
¡O tal vez no!
(...MARCA INDELEBLE DEL UNIVERSO)
Ángela Serna
Ese lugar llamado Nunca
Olifante
(Fuente: Papeles de Pablo Müller)

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