Cinco poemas en prosa
Comodín
El séptimo lote es un conjunto de fotografías homoeróticas en un estilo que remite a las consabidas escenas sicilianas de Wilhelm von Gloeden, pero más contemporáneas, y presentadas con el formato de un mazo de cartas holandesas. Decimos “holandesas” y no “francesas” ni “de poker” dado que las figuras están rotuladas con las letras “B”(oer) “V“(rouw) “H”(eer) y no V(alet) D(ame) R(oi) ni J Q K.
Los decorados, la utilería y el vestuario -cuando lo hay- sugieren vagamente escenas egipcias, amazónicas, calles de París, ruinas grecorromanas, aldeas africanas o vietnamitas, y aparentemente las tomas habrían sido realizadas en estudios en desuso de Cinecittà. La baraja está incompleta y bastante deteriorada por el uso: agrietada, manoseada.
El comodín parece estar caracterizado como el David Bowie arlequín del arte de tapa del álbum Scary Monsters. Se encuentra emplazado sobre fondo neutro donde se lee en letras blancas Salvatore Bucini, Milano-Amsterdam, 1920. Precio base € 1900.
Dos de picas
Un fondo de selva tropical: árboles pintados, con guacamayos azules y un jaguar agazapado. Un curso de agua con caimanes.
Dos muchachos que van de la mano se abren paso entre palmeras y helechos que claramente surgen de macetones. Lucen pelucas de cabello lacio y negro, pintados cara y cuerpo con motivos pseudoamazónicos, y con vinchas, pulseras y tobilleras por toda vestimenta. En las manos libres llevan sendas lanzas con corvinas ensartadas. La iluminación sugiere manchones de sol y sombra.
Cinco de tréboles
Cinco muchachos corretean por las calles de Montmartre. Visten harapos que muestran más de lo que esconden y llevan las infaltables baguettes, y botellas y garrafones de tinto: se nota que vienen de hacer la compra.
Uno de ellos se agarra la cabeza consternado mirando al suelo donde a sus pies se estrelló el merlot. Otro lo mira burlón y pícaro haciendo con la mano el gesto de “chas chas lo que te espera”.
Ocho de diamantes
Como en un cuadro de Alma-Tadema, ocho muchachos adoptan posturas indolentes, la cámara a pique, recostados en triclinios de figurado mármol, entre columnas griegas pintadas de dorado pero descascaradas por la humedad y unos hongos blancos, espumosos y algodonosos.
Los peplos o togas descansan sobre los respaldos o en el piso. La escena es en una terraza con piso de mosaicos multicolores: abajo se ve un puerto y un trirreme. Cielo y mar muy celestes.
Reina de corazones
La imagen tiene un aire Jugendstil, algo de la baraja Morgan-Greer pero con un toque egipcio. En todo caso, la figura entera, no partida ni espejada, sugiere más una carta de tarot que una carta de juego. Nótese además que aquí la “V” no significa “Valet” sino “Vrouw”
En un trono de madera tallada y policromada, un muchacho travestido de “reina” con una capa dorada y una diadema de rubíes. Los labios al tono. Un espejo de mano duplica su mirada para la cámara. Supuestamente se estaría mirando el maquillaje pero es claro que los mira al fotógrafo y a usted.
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Relámpagos vol. 5
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