jueves, 5 de marzo de 2026

Hermann Bellinghausen (México, 1954)

 

 

MILAGRITOS SIN SANTO

 

Vengo a que bendiga mi reloj
señor mecánico,
no quiere caminar despacio.
Loada y santa
la luna de vidrio y plata
que de nuestros reflejos hace luz
como plebe que rompe una piñata.
Virgen pública,
magnifica la corporación de querubines
de tu escolta
y ponla atenta:
la tentación merodea.
El universo de la boca grande
aluna los juegos del parque
con una dádiva de estrellas
que escurre como arena entre los dedos
de muchas manitas.
Un belcebú piñata
amenaza a cinco damas de Ocumicho
y ellas, su virtud a cuestas,
le firman un pacto
para luego romperlo a palos
y comerse los tejocotes y las cañas.
«La generosidad de tus faltas
me impide absolverte, hijo mío.
A pesar de mi investidura
yo mismo incurro en pecado:
la envidia célibe me devora».
Llega el día de guardar las prisas
bajo llave severa,
de lamer el almíbar del durazno
hasta el huesito,
de ponerle un hasta aquí al más allá,
cobijar la desnudez que ríe,
lavarse el pecho con el vino
de las huestes sagradas.
La libertad caerá por añadidura
de tan madura.
Arca de la Alianza,
Burócrata en la Torre de Marfil,
Ventilador Automático de los Profetas,
apiada tu voluntad
y permite que las cuadrillas angélicas
electrifiquen nuestra colonia,
le metan agua, teléfono y drenaje,
lleguen los camiones de gas
y no sea todo Gansitos, Coca Cola y Amonia.
 
Poesía Hermann Bellinghausen
*
Foto: HB
 

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