
TIERRA NATIVA
No hay gente en el mundo menos dada al llanto,
Más sencilla y altiva que nosotros.
1922
No la llevamos en amuletos sobre el pecho,
ni componemos versos quejumbrosos sobre ella.
No altera nuestro amargo sueño,
ni la consideramos el cielo prometido.
No es en nuestra mente
objeto de compra o venta.
Sufriendo, enfermos, errantes sobre ella,
ni siquiera la recordamos.
Sí, para nosotros, es el barro de los chanclos,
para nosotros, sí, es la arena que cruje entre los dientes.
Y pisamos, aplastamos, deshacemos
ese polvo que no tiene culpa.
Pero yacemos en ella y en ella nos convertimos
y por eso, con toda libertad, la llamamos nuestra.
Leningrado, 1961
(Traducción: Monika Zgustova, checa, y Olvido García Valdés, española)
En: Anna Ajmátova. Marina Tsvetáieva. El canto y la ceniza. Antología poética
Barcelona: Debolsillo, 2008, p. 99
(Fuente: Óscar Limache)
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