domingo, 7 de abril de 2024

Héctor Giuliano (Piamonte, Italia, 1947)

 

En Asunción
se me vino encima
el Deep Paraguay.
 
Me alojé
en el Hotel Hispania
de Chen Kim Jung Kum.
Una habitación
con colchón doble
y triple de chinches.
A eso de las diez,
compré a precio de costo,
un fonógrafo 6 válvulas
embutido en un lujoso
mueble de caoba fina enchapada,
para "reproducción electrónica
de discos en cambio automático"
en el "Store Tsien & Tzai",
importadores de China Popular.
A mediodía
me recibió
la "Gran Pizzería Italia",
propiedad de un rumano
medio loco
que se paseaba
mascullando venganzas,
según él traducía,
entre
las sillas y mesas de latón;
atendida a los ponchazos
por esquimales, kurdos
o brasileños
quién sabe de dónde,
"siete variedades napolitanas"
(había sólo una,
gomosa e intransitable),
a cargo de un chef guatemalteco
residente en Managua.
 
En horas del siestero,
por fin me encontré
con los auténticos originarios
en Plaza Uruguay.
Fieros, rudos y bélicos,
ofrecían perfumes aguados
Pierre Cardin,
corbatas de papel
y esas cremas milagrosas
que sirven para el "crecimiento
glandular de enanos y contrahechos",
ataviados guerreros guaraníes,
orgullosos y plenos,
oh relumbres,
las cabezas
coronadas con el cotillón plumífero
que los cherokees, sioux
o dakotas
enarbolaban
para el Hollywood
de los cincuenta,
arcos de alambre,
cuchillos del monte
de mentirita,
imitaciones plásticas
de esos que usaban
los "Boinas verdes"
en Vietnam o Camboya..
A las 5 de la tarde,
la hora de Sánchez Mejía,
las cinco en punto de la tarde,
de ojos vivos
y sonrisa winner
me enfundé una Cannon
multitodo, incluido el flash,
por 300 dólares,
y eso que regateé 50,
ahora no funciona,
en las escalinatas de la Catedral.
El alemán agarró la plata
y me largó un discurso instructivo
en su mejor versión bávara de 1560,
haciéndose el huevón
y miroteando
a los pájaros pitoches
que cagaban por doquier.
y como yo no podía
desperdiciar la oportunidad,
ahí nomás,
ni siquiera perdí el tranco,
me hice
de 36 relojes Benetton,
"con garantía verbal",
de estridentes colores
y audaz diseño,
para obsequiar
a parientes, familia y allegados,
jefes
y compañeros calificados de oficina,
a módico escamoteo
y tironeo.
Vino la noche
y la ciudad
amparada de agallas,
pesquisas a raudales,
servicios secretos,
servicios encubiertos
y muy al descubierto,
chicas que fuman,
chichís de toda laya
y oferta,
manoteadores de carteras
y cordones,
folletos con tours a Ciudad del Este
donde se venden chicles Bazooka
y bazookas de verdad,
cuestión de buscar el sótano correcto,
y sobrevoló la concurrencia
de audaces mosquitos invernales
que no faltan en el mundo,
y aventurillas de propinas,
coimas domésticas,
sábanas gastadas,
almohadas chirles
y cuanto amor
circula en las calles,
monumentos y avenidas.
 
Y sin sarcasmos o ironías,
amo al Paraguay,
la vehemencia de su luz
y su gente,
a pleno destello
y corazón en trance.
 
-inédito-

 

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