En Asunción
se me vino encima
el Deep Paraguay.
Me alojé
de Chen Kim Jung Kum.
Una habitación
con colchón doble
y triple de chinches.
A eso de las diez,
compré a precio de costo,
un fonógrafo 6 válvulas
embutido en un lujoso
mueble de caoba fina enchapada,
para "reproducción electrónica
de discos en cambio automático"
en el "Store Tsien & Tzai",
importadores de China Popular.
A mediodía
me recibió
la "Gran Pizzería Italia",
propiedad de un rumano
medio loco
que se paseaba
mascullando venganzas,
según él traducía,
entre
las sillas y mesas de latón;
atendida a los ponchazos
por esquimales, kurdos
o brasileños
quién sabe de dónde,
"siete variedades napolitanas"
(había sólo una,
gomosa e intransitable),
a cargo de un chef guatemalteco
residente en Managua.
En horas del siestero,
por fin me encontré
con los auténticos originarios
en Plaza Uruguay.
Fieros, rudos y bélicos,
ofrecían perfumes aguados
Pierre Cardin,
corbatas de papel
y esas cremas milagrosas
que sirven para el "crecimiento
glandular de enanos y contrahechos",
ataviados guerreros guaraníes,
orgullosos y plenos,
oh relumbres,
las cabezas
coronadas con el cotillón plumífero
que los cherokees, sioux
o dakotas
enarbolaban
para el Hollywood
de los cincuenta,
arcos de alambre,
cuchillos del monte
de mentirita,
imitaciones plásticas
de esos que usaban
los "Boinas verdes"
en Vietnam o Camboya..
A las 5 de la tarde,
la hora de Sánchez Mejía,
las cinco en punto de la tarde,
de ojos vivos
y sonrisa winner
me enfundé una Cannon
multitodo, incluido el flash,
por 300 dólares,
y eso que regateé 50,
ahora no funciona,
en las escalinatas de la Catedral.
El alemán agarró la plata
y me largó un discurso instructivo
en su mejor versión bávara de 1560,
haciéndose el huevón
y miroteando
a los pájaros pitoches
que cagaban por doquier.
y como yo no podía
desperdiciar la oportunidad,
ahí nomás,
ni siquiera perdí el tranco,
me hice
de 36 relojes Benetton,
"con garantía verbal",
de estridentes colores
y audaz diseño,
para obsequiar
a parientes, familia y allegados,
jefes
y compañeros calificados de oficina,
a módico escamoteo
y tironeo.
Vino la noche
y la ciudad
amparada de agallas,
pesquisas a raudales,
servicios secretos,
servicios encubiertos
y muy al descubierto,
chicas que fuman,
chichís de toda laya
y oferta,
manoteadores de carteras
y cordones,
folletos con tours a Ciudad del Este
donde se venden chicles Bazooka
y bazookas de verdad,
cuestión de buscar el sótano correcto,
y sobrevoló la concurrencia
de audaces mosquitos invernales
que no faltan en el mundo,
y aventurillas de propinas,
coimas domésticas,
sábanas gastadas,
almohadas chirles
y cuanto amor
circula en las calles,
monumentos y avenidas.
Y sin sarcasmos o ironías,
amo al Paraguay,
la vehemencia de su luz
y su gente,
a pleno destello
y corazón en trance.
-inédito-
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