La poesía
está mancada,
agujero dentro
del agujero,
nadita.
La poesía
sublime
rehuye
de los profesionales
del tubérculo
y el tropismo.
No recoge
la sangre
callejera,
el electrón
la frambuesa,
el agobio
del ocaso
que se va
y no sabemos dónde,
cuándo, cómo,
ni para qué,
etcétera
de los etcéteras.
El poeta
se mira
en el espejo,
se mira.
Mejor
prendo la tele
y veo "Gran Hermano",
una montaña
de moralejas
que Cioran
desdeñó.
- Inédito -
,
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