Los hombres iguales
siempre disputan
y pelean,
los desiguales
hacen lo mismo
no muy distintas;
los que flotan
en tres cuartos
para arriba
o para abajo
no pueden sustraerse
a la tentación
y agarran armas, plumas
o gases.
No hay bandera pacífica
ni trago que no atragante,
tanto en el ártico,
los medianeros continentes
como en los hielos australes.
Y la sangre,
el ojo cegado
el niño que vuela
de un cañonazo,
o el repollo del puchero
son látigos al revés
y prensa para capar,
con cauterio
o sin él.
- Inédito -
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