No haberlo imaginado.
Oler ese vertiginoso secreto.
Una tarde, escribía sobre el misterio umbilical del durazno
y en simultáneo se desprendió de la rama estrellando su belleza
Una tarde, escribía desde la frondosa juventud desoyendo el inconmensurable dolor de mis huesos gastados
Una tarde, escribía sobre las bondades de mi perro y a los días
lo sepultaba bajo el árbol donde leíamos
Para despedirnos lo hacemos.
Para grabar sobre la piedra lo abandonado.
Para recuperar lo que dejamos en los otros.
Para besar el alma de lo que no nos pertenece.
Pero el alma es fungible se consume no es austera
y siento miedo.
Por eso no escribo nombres
-a menos que fuere necesario-.
Las cosas que nombré las envolví para el olvido.
No habré de creer en la escritura -me impongo-
pero anochece
estoy lejos del mundo
y es inminente la fuga.
No haberlo, mínimamente, sospechado.
Para intimidar ilusoriamente al tiempo lo hacemos.
Para defraudar la única flor del corazón lo hacemos.
Como apesadumbrado consuelo,
todo lo que perdí
está
en mis hojas.
(Fuente: Facebook)
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