
ITINERARIO DEL ASOMBRO
NAUFRAGIO
Un pequeño lunar que nadie ha visto
sobre su ojo
Planeta solitario para mi telescopio;
como la estrella perdida en la galaxia
a siete años luz se eleva.
CORAZONADA
Mi corazón fruta jugosa
para un solo sorbo.
Vampiro de sí mismo
en la locuacidad de la sangre,
mi corazón, late, late.
DEIDADES
Ese dios impreciso
que no está en ninguna parte,
poder ser el ojo del águila
apuntándole a una víbora.
Ese dios impreciso puede ser:
Tu ojo y el mío rabiándose,
o quizá la indecisión del tiempo,
o el sublime pensamiento de una historia.
Pero de todos modos,
ese dios impreciso,
seguirá siendo mi dios
y no el de nadie.
DETRÁS DEL TELÓN
La soledad es absoluta sin mí.
ENSOÑACIÓN
Te detuviste en la arena
como un caracol bronceado,
yo creí que eras tú,
y era una ola que hasta mis pies llegaba
para lavarme de ti.
ESPANTOS
Si un monstruo me persigue en medio de la noche,
me doy un golpe fuerte sobre el pecho
y pienso que es mi propio corazón.
SIN EPITAFIO
Colocando lápidas a las tumbas
encontró la suya,
estaba abierta, la selló y escribió:
“aquí yace un hombre”.
EPITAFIO
La sombra de mi cadáver se proyecto
sobre la puerta:
mi perro ladraba.
GUSANO DE HOJA O VICEVERSA
Para renacer con el primer ensueño
de la primavera:
yo me vuelvo gusano de coliflor,
con un ansia de comerte hierba
de volverme hoja,
de ser canción sobre tus pétalos
ensañándote mis dientes
Seré clorofila pura
ensimismadamente verde.
HERVIDURAS
El diablo con sus inmensos ojos de fuego
me mira desde su cielo,
y yo lo miro a él y lo envidio.
Todos somos el diablo aspirando
a un paraíso propio,
pero incapaces de rebelarnos.
ATARDECER
En el eco de un adiós percibí tu mirada
que se perdía como un transcurrir de imágenes en el sueño.
Yo la recuerdo así, para recuperarla,
lejana aún, en mi melancolía.
POEMA PARA DOS ACTOS
Suprimo ese lenguaje dulzón,
yo soy la piedra que golpea contra otra,
el río en creciente.
Enrolla tus palabas de terciopelo:
Soy la muerte desprovista,
la sin refugio, la callada muerte.
Háblame despacio, palabra por palabra:
soy el dolor
horadando entre tu carne,
desollando la piel terrosa de tu alma,
no me hallarás explicación.
Las horas despiadadas
como un aletear de langostas,
sobre el rival en siega,
ni el olvido las derrota.
Basta ya del sedoso escalpelo de las palabras,
antepongamos la lógica,
la dura pero la resuelta lógica.
Es otro tiempo –el mundo ha cambiado tanto-
el hombre poco,
cayó en la trampa de su instinto ciego
y necesita de la lógica.
Itinerario del asombro. Medellín. Autoedición. Págs. 9, 13, 15, 19, 25, 29, 33, 35, 53, 57, 77, 87.
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