LOS SATISFECHOS
LOS SATISFECHOS
Caen un tren, la razón, todo un imperio.
Mientras, el hombre espera su trocito de carne,
la que digiere a fuerza de tranquilo,
y sigue satisfecho...
De pronto,
llega el hambre a la luna,
se humaniza el satélite...
y al satisfecho
por su “tele” le pasan telegramas,
le juntan en su “tele” el universo,
se lo desfilan,
se lo explican,
se lo entregan mansito y enterito;
no necesita ni pensarlo un poco;
todo el planeta
le preña de distancias sus pupilas,
sus orejas,
y el satisfecho,
el tranquilo,
ya no piensa,
no se mueve,
ya no es nadie,
lo disecó su tiempo, su presente.
El horizonte cabe en un cadáver.
LOS HOMBRES NO SABEN MORIRSE
LOS HOMBRES NO SABEN MORIRSE
Los hombres no saben morirse…
Unos mueren no queriendo la muerte;
otros
la encuentran en un beso, pero sin estatura…
otros
saben que cuando cantan no le verán la cara.
Los hombres
no se mueren completos, no saben irse enteros…
Unos
reparten en el viaje sus retazos de muerte;
otros
dejan el odio para cuando vuelvan…
Otros
se van tocando el cuerpo
para saber si salen de la trampa…
Los hombres no saben morirse…
Unos
van dejando su yo sin comprenderlo;
van dejando basura para escoba esotérica;
otros
se vuelven hacia adentro ante el vacío…
Pero todos,
con el cadáver de su tiempo al hombro,
todos,
todos son el Uno,
el Uno
que sólo por amor vuelve a la tierra.
MANO MÍA
MANO MÍA
Mano mía,
cómplice de mis novias ocultas,
a ti te debo
comer de vez en cuando;
a ti te debo
poner en el papel lo que no ven mis ojos;
a veces
no me pides permiso y te me pierdes,
a veces
te busco entre los senos,
perdida entre dos panes de fragancia caliente,
y de pronto te acuerdas de Manuel cuando canta,
y arrepentida vuelves,
vuelves a mí como pidiendo auxilio.
ELLOS
ELLOS
Ellos no tienen lecho,
pero sus manos
son las que hicieron nuestras casas.
Ellos comen cuando pueden,
pero por ellos comemos cuando queremos.
Ellos
son zapateros pero están descalzos.
Ellos nos visten pero están desnudos.
Ellos
son los dueños del aire cuando manejan alas,
mas son los limosneros del aire de la tierra.
Ellos no hablan,
tienen palabras vírgenes... Hacen nuevo lo viejo...
La mañana lo sabe y los espera...
NO SON COMO LAS MOSCAS
NO SON COMO LAS MOSCAS
No son como las moscas impertinentemente libres,
no,
los muertos, perfectamente honestos,
trajinan, trabajan en su asunto...
revolotean,
se posan como temibles insectos, pero son
inevitablemente limpios,
extraordinariamente útiles, conscientes,
van y vienen de las estrellas,
son los absolutos,
los vagabundos sagrados,
los únicos que llevan las velas de luz fría
en el entierro caliente
del cadáver errante del Universo.
Los únicos...
Los únicos testigos de la muerte del tiempo.
(Los anti-tiempo, Centro Editor de América Latina, Buenos Aires, 1967)
(Fuente: César Cantoni)
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